Siempre la misma historia, ¿no os suena?
Cuando adelgace 5 kilos me haré el piercing en el ombligo que me llevo queriendo hacer desde que tengo 15 años.
Cuando adelgace dos kilos empezaré a ir al gimnasio para que la gente me vea estando un poco más delgada.
Cuando adelgace 10 kilos iré a cenar al Goiko Grill, del cual me quedé enamorada la primera y última vez que fui, ya hace más de un año.
Cuando adelgace un poco más iré a comprar esos pantalones que me gustan tanto y no se por qué razón pero solo me “sentará bien” la querida/odiada talla 36.
¿Por qué cuando adelgace y no ahora? ¿Por qué creemos que teniendo un determinado peso vamos a poder hacer las cosas que no nos atrevíamos a hacer con unos kilos más?
Para conseguir hacer todas esas cosas que queremos no debemos cambiar nuestro exterior, ya que por mucho que lo cambiemos por dentro nos sentiremos igual. De todos los pesos que he tenido no me he sentido bien en ninguno. Siempre seguí siendo esa niña infeliz con su cuerpo pesando 70, 60, 50 o 40 kilos. Nunca llegué a verme bien, incluso estando desnutrida creía que estando más delgada a lo mejor podría sentirme mejor.
¡PUES NO!
Hasta que no cambie mi interior, es decir, todas mis inseguridades, mis miedos, mi falta de autoestima, mi fobia a quedarme o que me dejen sola en algún momento de mi vida; hasta que no cambie todo esos aspectos de mí, no me sentiré agusto con nada de lo que haga.
Por eso os digo que os hagáis ese piercing que tanto os gusta, ese tatuaje que lleváis tanto tiempo queriéndoos hacer, que os compréis el pantalón que más os guste o todos los de la tienda si queréis…Por eso, solo os digo que viváis y disfrutéis, porque ningún cambio externo va a solucionar vuestros problemas internos.