Veamos, soy K, una chica estrafalaria e intensa donde las haya. Os explico el embrollo. No creo en la monogamia, la respeto, pero nunca he tenido esa necesidad de compartir mi vida con nadie y me disgusta el compromiso. Hacia mi, repito que lo respeto y que cada uno viva como le haga feliz «HAKUNNA MATATA». Por lo tanto nunca he tenido una relación seria a mis 25 inviernos, estoy genial así.
El problema, hace un año un individuo, llamémoslo «M», comenzó a hablar conmigo. De la nochea la mañana. Yo ya lo conocia y siempre había pensado que me echaba la caña. Le seguí el juego porque a mí me daba curiosidad y pensaba que no duraría mucho. Sorprendentemente me gustaba hablar con él y no me agobiaba estar conversando las 24 horas del día. Algo insólito viniendo de una mujer la cual se agobiaba hasta por quedar con un follamigo.
Me sorprendí riendome con él, hablando de cualquier cosa, de darnos las buenas noches y los buenos días. De considerarlo mi mejor amigo. No sé en qué momento ocurrió, pero pasó a ser una de mis personas favoritas, uno de mis pilares fundamentales. Lo quería como, me di cuenta más tarde, no había querido a nadie. Nos juramos estar siempre juntos, y eso que yo no creo en las palabras sino en los actos. Actualemnte me hubiera dado un buen sartenazo por mamotrépana. Él siempre me repetía que solo que me quería como amiga y que era como la hermana que nunca tubo.
Tengo que reconocer que todo el mundo creía que nos enrollábamos, mis amigas me decían que no era una relación normal, pero claro, yo nunca fui normal. Que cuando salíamos de fiesta él siempre estaba pendiente y se ponía en modo raro cuando yo no le prestaba atención. Soy una persona que dice lo que siente y no se averguenza de ello, así que como él me encantaba le decía lo genial que era. Le afirmaba que él me quería porque le encantaba que le bailara el agua. Él respondía que le encantaba mi personalidad.
Un buen día conoció a una chica, se enrollaban, sentí algo raro pero tampoco le daba más importancia. Un día me dijo que iba a formalizar su relación y sentí algo horrible en el pecho, unos celos asquerosos e incluso ganas de vomitar. Nunca jamás me había pasado algo así.
Entre que estaba siendo consciente de lo que había incubado por él, que era mi mejor amigo y no quería perderlo, y que era mi primera vez, se lo intenté explicar. Digo intenté porque estaba muerta de miedo, solo le decía que estaba confusa, que sentía algo raro por él. Él empezó a decir que si le había mentido todo este tiempo y sentía algo por él, que si yo le dejaba de hablar quedaba como el malo, que me aclarara la cabeza… Bueno, su mala reacción me dolió y me cabreó sobremanera.
Al final no siguió con aquella chica.
«Por una vez que siento algo y es por ese valiente esperpento de ser humano»
Archivé su conversación y pasó un mes. En ese tiempo conocí a una mujer con la que sentía una bonita química. La cuestión es que me lié con ella en un bar donde coincidió que estaba «M», «M» se rayó y yo preocupada y ebria le pregunté qué le pasaba. Estaba muy cabreado conmigo y me dijo que le había tratado fatal.
Por esta chica siento lo que he sentido siempre, y sé que tengo que dejar de pensar en «M», pero lo echo endiabladamente de menos. Le prometí que nunca le dejaría, pero tengo que velar por mi salud mental.
Estoy que no sé por dónde me pega el aire.