Escribo esto en forma de desahogo, porque me siento en una encrucijada.
Desde pequeñitos se nos inculca que el amor de nuestros padres, aquel que ellos mutuamente se profesan, es mutuo y perenne. Pero si algo he visto en estos años de mi vida es que también puede ser caduco y efímero.
¿Sabéis eso de que los padres también enseñan sin enseñar? Me explico. Ellos son nuestros referentes en todos los aspectos, para lo bueno y para lo malo. Yo siempre tengo en mente que muchas veces te enseñan lo que tú no quieres para ti, ni para tus futuras relaciones. (Por ello, me he vuelto más exigente con el paso del tiempo. Por esto, y porque no quiero a narcisistas en mi vida, pero eso ya es otro tema del que si quiero hablaré en otra ocasión, puesto que no viene a cuento).
Yo siempre he detectado falta de comunicación entre ellos y esta es la razón, por la que en mis relaciones pasadas las he trabajado muchísimo.

Y con todo esto, quiero decir que estoy enmedio de una situación que yo, tarde o temprano, sabía que iba a pasar. Siempre, siempre,desde que tengo uso de razón,he pensado el famoso «Si están tan mal, ¿por qué no se divorcian?». Al igual, que soy consciente que las relaciones cambian (si cambian las mías, no va a cambiar las de ellos que llevan sus años ya casados…) y he visto que son rachas con sus altibajos, pero de los que siempre han salido juntos, esta vez siento que tiene fecha.
Por razones familiares de las que no voy a entrar, veo en mi madre su decisión. A ella se le está acabando el amor que un día profesó y eso le está consumiendo.
Es una situación muy tensa en casa en la que no sé qué hacer. Le brindo apoyo a mi madre, pero también a mi padre. Porque él dice que no entiende nada, no comprende qué hace mal y se fustiga, a la misma vez que, paralelamente, mi madre ha pasado a ser una persona muy distante con él y el hablar borde, seca y cortante es el pan de cada día.
Creedme, entiendo a mi madre, pero también empatizo con mi padre, puesto que mi madre le ha hablado mal durante años justificándose en que ese es su carácter. Y yo, cuando ella no tenía razón, he salido en defensa de mi padre. Lo único que hago ahora mismo es ver, oír y ser el desahogo de los dos. Aunque él se reserva mucho más. Se ha vuelto más ermitaño con sus sentimientos.
En conclusión, no sé qué hacer, más allá de escucharlos y ver cómo la falta de comunicación se los van consumiendo (ellos, a su misma vez, son orgullosos y cuando he manifestado que tienen esa falta, dicen que no se bajan del burro).