Hola chicas!
No encontraba ningún hilo del foro donde poder escribir esto (a nuestras queridas moderadoras de la página: me gustaría sugerir un subforo donde podamos hablar y desahogarnos sobre la muerte de nuestros seres queridos. Si ya existe, no lo he encontrado, perdonadme :))
Como dice el título, mi ex murió, en Febrero hará un año. Lo llamo ex para simplificar, realmente fue una relación muy complicada. Y debido a esa complicación, llevar el luto también es muy complicado. Por eso vengo aquí chicas, a poder desahogarme en la intimidad de internet. Es una historia bastante larga que se remonta hace muchos años, pero todo es necesario para que podáis entenderlo. Perdonad el tocho.
Antonio y yo nos conocimos en 3o de la ESO. El era un repetidor un año mayor que yo, y como yo, un inadaptado (nuestro colegio era bastante pijo y nosotros no encajábamos con la mayoría de nuestros compañeros). Yo acababa de volver de pasar un año en Inglaterra así que al principio no me di cuenta de su presencia en clase, pero, casualidades de la vida, nos tocó compartir ordenador en clase de informática y me fijé que su foto de perfil era el logo de mi grupo favorito (un grupo de rock internacional de melenudos tatuados, algo inaceptable para la mayoría de nuestros compañeros) así que automáticamente decidí que Antonio me gustaba.
Nos hicimos amigos. Hablábamos todos los días por messenger y teníamos mucho en común. Ese año para mi fue muy duro (las que consideraba mis amigas me dieron de lado, me hicieron bullying, empecé a suspender…) pero Antonio siempre estaba ahí.
Acabamos formando parte del mismo grupo de amigos del barrio donde también estaba la que sigue siendo mi mejor amiga. Para entonces yo estaba locamente enamorada (y obsesionada) con el. Cuando estábamos en cuarto de la ESO, durante las fiestas de nuestra ciudad nos enrrollamos. Esto se convertiría en nuestra particular tradición, las fiestas siempre eran nuestras. El nunca quiso nada serio conmigo y yo acepté, me conformaba con lo que quisiera darme.
En bachillerato el se cambió de instituto pero seguíamos hablando, quedando con nuestros amigos del barrio y enrrollándonos de vez en cuando, sobre todo en las fiestas. Todavía recuerdo el año que le di tanto el coñazo con que me comprara flores que me regaló 10. Todavía las tengo guardadas. También se convirtió en nuestra particular tradición, todos los años en las fiestas me regalaba una flor aunque fuera robada de un centro de mesa. Me hacía sentir especial.

Esto siguió durante la carrera. Cada uno tenía su vida, sus rolletes y sus cosas, pero, a veces cuando salíamos con los amigos o coincidíamos, nos enrrollábamos. El seguía sin querer nada serio conmigo y para aquel entonces, el para mí era como la droga. Yo vivía de los cachitos de amor que me daba. Aquí es donde la cosa se puso difícil. Yo estaba absolutamente obsesionada con el, y el aprovechó esa obsesión para hacer y deshacer a su antojo. Si veía que una noche la cosa con alguna chica no cuajaba, entonces ahí estaba yo. El sabía perfectamente lo que yo sentía por el y le sacaba partido.
Lo nuestro era tóxico, lo se, pero como digo, yo era una adicta a lo que él me daba. Además no todo era malo. Tuvimos días espléndidos, felices y de máxima complicidad. Aunque todo era secreto. Lo nuestro era un secreto a voces, todos lo sabían pero nadie hablaba de ello. Ni siquiera entre nosotros hablábamos sobre lo que teníamos. Además, ¿Qué teníamos? En teoría, nada.
En tercero de carrera, finalmente las cosas se enfriaron. Yo conocí al amor de mi vida, el que es mi actual novio (una relación verdaderamente sana construida en el respeto y la confianza) y el se mudó a Latinoamérica. Nunca llegamos a darle un cierre a nuestra relación. Habían pasado 6 años desde que nuestra historia empezara.
A partir de ahí, todos los años, el venía de visita a nuestra ciudad y como no es una ciudad muy grande y seguíamos compartiendo amigos, por h o por b nos acabábamos encontrando. Cabe decir que el nunca fue muy de redes sociales y yo hacía tiempo que había perdido su número. La relación era amistosa, aunque cada vez que lo veía me volvía a convertir en esa niñata insegura que se ponía nerviosa ante su presencia. A pesar de tener una relación perfecta con mi novio, una parte de mi seguía fantaseando con el. Me preguntaba si el pensaría en mi alguna vez. Soñaba con el.
Los sueños siempre eran iguales. Soñaba que lo buscaba frenéticamente por la ciudad y al final lo encontraba. Cada vez que soñaba con el, me despertaba con la sensación de haber hecho algo malo, como si le hubiera sido infiel a mi novio. Mi novio conoce la historia, incluso llegó a conocer a Antonio, pero nunca he entrado mucho en lo traumático que fue o las heridas tan profundas que me dejó. De hecho, mas allá de mi mejor amiga que vivió todos los sucesos de primera mano, nunca he hablado mucho con nadie sobre Antonio. Siempre fue mi pequeño secreto.
La última vez que lo vi fue el año antes de la pandemia. Me lo encontré por casualidad en la parada del metro y me dijo que estaba esperando a un amigo que tenemos en común. Quería que me quedase con ellos a tomar algo, y aunque tenía tiempo le dije que tenía que irme. Estaba super orgullosa de mi misma. Después de tantos años, era la primera vez en mi vida que le había dicho NO.
La pandemia llegó, y Antonio no pudo venir de visita. Era el primer año desde tercero de la ESO en el que no lo vería. La frecuencia con la que soñaba con el se incrementó. Siempre el mismo sueño. En febrero de 2021, llegó el cumpleaños de mi mejor amiga. Invitó al mejor amigo de Antonio, Miguel, con el que tenemos muy buena relación y este nos dijo que Antonio por fin estaba en la ciudad y que a lo mejor se acercaba a saludar. Después de un año sin verlo, yo estaba nerviosita perdida, aunque finalmente no pudo venir. Terminamos el cumpleaños con la promesa de Miguel de quedar un día los cuatro para ponernos al día antes de que Antonio se volviera a las Américas. Nunca llegamos a hacerlo.
Así nos plantamos en febrero de 2022. Para entonces mi novio y yo acabábamos de mudarnos a otra ciudad y sólo llevábamos un mes. Planeábamos ir a nuestra ciudad por el 31 cumpleaños de mi amiga ese fin de semana. Se me llegó a pasar por la cabeza que Antonio podría estar en la ciudad y acercarse. Y entonces recibí la llamada. Un amigo, a través de un conocido del barrio se había enterado de que Antonio había muerto. No nos lo podíamos creer, y llamé a Miguel. Miguel tampoco sabía nada, es más, había hablado con Antonio hacía poco y todo parecía estar bien. Pensamos que era simplemente un cotilleo inventado muy macabro. Pero a la media hora, Miguel me volvió a llamar y me confirmó la noticia. Antonio estaba muerto.
Murió de un ataque al corazón con 31 años cumplidos en Octubre. Antonio no hablaba mucho de ello, pero tenía una cardiopatía desde pequeño y sólo unos pocos sabíamos de su condición. Yo lo sabía, aunque lo había olvidado hacía mucho.
Se me cayó el mundo encima. Esa persona que había formado parte de mi vida durante tanto tiempo ya no estaba. Nunca mas lo volvería a ver. Pensaréis que soy una idiota, que después del daño y el dolor que me provocó, cómo puedo llorarle. No tengo respuesta, quizás si soy una idiota.
Me prometí a mi misma que sólo tendría un día para llorarle. Después seguiría con mi vida. Además, después de 10 años sin apenas contacto, estando en una relación sana y estable y sin haber llegado nunca a tener nada ‘oficial’ con Antonio, no tenía sentido. Pensaba que Antonio se reiría de mi si lo supiera.
Esa noche, mientras mi novio dormía, le escribí una carta a Antonio. Necesitaba tener algún tipo de cierre. En secreto, por supuesto, nuestra relación siempre fue secreta, así que el luto también lo sería. Le pregunté todas esas preguntas que siempre quise hacerle. Si pensaba en mí alguna vez, si soñaba conmigo como yo con el, si alguna vez me quiso… Siempre pensé que algún día reuniría el valor suficiente para poder preguntárselo en persona. Que un día nos sentaríamos y hablaríamos del dolor que me provocó. Ahora, esa posibilidad era inexistente. Quise quemar la carta, a modo de ritual de cierre, que no quedara nada de nosotros, pero no tuve valor y la escondí. Un año después no he tenido el valor de volver a leerla. (Si chicas, se que esto último suena hollywoodiense, pero siempre he tenido debilidad por el drama).
No hubo funeral, sus padres viajaron hacia su ciudad y esparcieron allí las cenizas, así que el 31 cumpleaños de mi amiga se convirtió en una especie de fiesta en honor de Antonio. Vinieron algunos antiguos amigos del barrio y lo recordamos. Entonces, aprovechando las cervezas, Miguel tuvo el valor de preguntarme sobre nuestra relación. Hablamos un rato (no le conté nada en profundidad, ya que como sabéis no me gusta hablar de esto, quizás por vergüenza) y finalmente le pregunté si Antonio se seguía acordando de mí. Me dijo que sí y que además Antonio siempre se sintió mal por como me trató y le hubiera gustado cambiar como fue todo entre nosotros. Eso me hizo sentir algo mejor.
Y aquí estamos. Casi un año después. Aunque lo que me dijo Miguel ayudó, sigo teniendo una herida abierta, sangrante, que no me deja tranquila. Sueño con el constantemente, al menos una vez al mes, y el sueño ahora ha cambiado. Ahora sueño que está muerto. Cada vez que sueño con el me despierto llorando y suelo tener un día de mierda. Hoy no ha sido diferente, de hecho sigo llorando mientras escribo esto, mientras me acuerdo de todo. Mi novio sabe que tengo »pesadillas» pero nunca le he dicho sobre qué o mejor dicho, sobre quién. Sigo teniendo la sensación de que no le estoy siendo fiel aunque se que es una tontería y no puedo controlarlo. Además hay algo mas. Cada vez que sueño el, una parte de mi se alegra. Se alegra porque sigo acordándome de su cara, porque tengo miedo a olvidarlo. Ha formado parte de mi tanto tiempo que no quiero dejarlo ir.
A quién haya llegado hasta aquí, gracias por leerme. A veces escribir ayuda.
PD. todos los nombres están cambiados por razones obvias.