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Decálogo del buen cliente (aplicado al comercio)
Cuando empecé a trabajar en el sector del comercio tenía 17 años. Era una chavala introvertida, sin ningún tipo de experiencia cuya máxima obsesión era no desagradar nunca a la persona a la que atendiera. Era un tiempo en el que mi subsistencia no dependía de mi trabajo, pues vivía con mis padres y no tenía ningún tipo de carga más que echarle tres o cuatro euros de gasolina a la semana a la motillo que tenía, y aún así yo pensaba que mi obligación al estar detrás de un mostrador era sinónimo de aguantar carretas y carretones.
21 años después, habiendo tratado con todo tipo de personas, desde las más adorables a los seres más despreciables, me gustaría visitar a aquella chiquilla de 17 años, cogerla fuerte de los hombros y gritarle: “¡¡¡ESPABILA COOOOÑO QUE TE COME LA VIDA!!!” Pero como de momento los viajes en el tiempo son inviables (y aunque lo fueran hay decenas de películas en las que nos han dejado claro que no es bueno interferir en el pasado), dejo por aquí unos tips que harían que cualquier persona de a pie se convirtiera en el cliente perfecto:
- Saluda al entrar y despídete al salir. Es de las pocas cosas que podemos ofrecerte gratis, no es moco de pavo. Tampoco te cuesta dinero a ti y el gasto de saliva y energía que te va a suponer es ínfimo.
- Si estás hablando por teléfono y te toca pasar por caja, cuelga. Sobretodo si vas a usar el teléfono como método de pago, criaturita de dios. Por educación y por agilizar el trabajo, porque aunque no lo creas, no eres el ombligo del mundo.
- Sé consecuente con el dinero que traes. Si traes 20, no llenes un carro como si fueses a hacer el catering de la boda de la Falcó. Y si se te va la olla, que puede pasar, y hay que quitar productos de la cuenta, ofrecerte a llevarlos a su sitio es una buena forma de mostrar educación, aunque nosotros te vamos a decir en el 98% de los casos que no es necesario (el otro 2% igual te dice que si pero al igual que los clientes, también hay trabajadores malajes).
- Si te has venido arriba echando cosas y la cuenta te salía por encima de lo que esperabas, no le digas a quien te está cobrando aquello de: «¿Tú no te habrás equivocado?». Obviamente me puedo equivocar, pero la probabilidad de que sea más cosa tuya que mía es infinitamente mayor. Lo de «¿Pero yo qué he roto?» está también ya un poco rancio. Limítate a pagar, a ser posible antes de embolsar la compra para que tanto yo como los clientes que vienen detrás podamos seguir con nuestro trabajo y vidas respectivamente. Luego ya si eso revisas el ticket, que para eso te lo damos.
- 5. Espera tu turno. Si tienes alguna duda o necesitas nuestra ayuda pero justo en ese momento estamos atendiendo a otro cliente, hablar por encima no va a hacer que te atendamos antes. De hecho puedes conseguir el efecto contrario. Porque si, sigues sin ser el ombligo del mundo.
- Si vamos cargando mercancía, tenemos preferencia. Apártate, por favor. Porque estamos trabajando y porque luego lo querrás todo en los estantes sin tener que esperar.
- Si vamos tirando de un palet TAMBIÉN TENEMOS PREFERENCIA. Espera a que pasemos, sobre todo cuando los pasillos son estrechos. Y recuerda que estás en un supermercado, no en el Grand Prix: no pases por delante, por detrás y mucho menos por medio porque lo mínimo que te puede pasar es que te vayas con la pedicura hecha.
- Si te decimos que no hay algo, no es que no queramos vendértelo. Ni tenemos una conspiración oscura en la que guardamos un producto en el almacén para sacarlo al tiempo y doblarle el precio. La prima de la vecina que trabaja en no sé dónde y te lo ha dicho tiene la misma veracidad que la historia de Ricky Martín, el perro y la mermelada/nocilla/paté. Si decimos que no hay algo, simplemente NO HAY. Igual si os decimos que no podemos hacer un cambio o llevaros la compra a casa aunque sea un momento y vivas en el portal de al lado.
- No nos increpes por la subida de precios. Aunque no te lo creas, los empleados y empleadas de los comercios no nos levantamos por la mañana con ganas de inflación y nos ponemos a subir los precios como si se nos fuera la vida en ello . Es más, aunque no lo creas estas subidas nos afecta y nos jode igual que a vosotros, porque obviamente mi nómina, como la tuya, no se infla a la vez que los precios.
- No toques ¿Por qué tocas? En el comercio tenemos el mismo modus operandi que en el pasaje del terror de cualquier parque de atracciones: la niña del exorcista no te va a tocar nunca, así que tú NO TOQUES A LA P*TA NIÑA DEL EXORCISTA. ¡Las manitas a los bolsillos “cohone!”
*Bonus* Si vas a comprar un domingo o festivo, me parece muy bien… Estamos abiertos para que tú vengas. Pero no entres diciendo: «hay que ver la p*tada de que os hagan venir un domingo/festivo…». VOSOTROS NOS HACÉIS VENIR LOS DOMINGOS/FESTIVOS, CABR*NES.
Y como en las pelis de marvel, un segundo bonus: el cliente NO SIEMPRE LLEVA LA RAZÓN. Si tú llevas tantos días sin cagar que te sale la mierda por las orejas, la sueltas en tu casa o te compras un saco de boxeo, que bastante tenemos ya con lo que tenemos.
VirPino
