Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Dejando de fumar: éxito y fracaso
Fumé mi primer cigarrillo con 14 años. Recuerdo que ni sabía cómo hacerlo: la mitad del humo se me fue por la nariz y la otra mitad lo acabé tosiendo. Prueba de lo adictiva que es esta mierda, que aún sin hacerlo bien ya me enganchó. Desde entonces, fumar ha sido una constante en mi vida.
He pasado muchos años normalizando el hábito. Cuando alguien me decía el daño que hace el tabaco a la salud, acababa encontrando otra justificación para seguir haciéndolo. Es una herramienta social, sirve de bomba de humo para muchas situaciones, no es tan malo como otras cosas…
Me han preguntado muchas veces (sobre todo mis padres) si iba a dejar de fumar. Como medida cautelar, solía decir que lo dejaría al llegar a los 30. “No me veo como adulto funcional enganchado a un cigarrillo”. Esta prórroga me funcionó cuando tenía 20 años, pero el tiempo tiene una cualidad particular, siempre llega y siempre pasa.
Hace poco cumplí 30 años y me dí cuenta de las limitaciones de “posponer” frente a “resolver”. Moví mi punto de inflexión desde mi cumpleaños hasta Nochevieja. Sigo posponiendo lo de resolver.
Intento calcular cuántos cigarrillos me quedan. Identifico el mejor momento para dejarlo, pero siempre brotan nuevas excusas. El tabaco es mi tratamiento más empleado para la ansiedad. Una compañía (tóxica) para después de cada comida, antes de una reunión o durante cualquier pausa.
He confiado en un aliado nocivo, y ahora me resulta muy difícil despedirme de él, aunque sea lo mejor para mí. Me escudo en la cantidad de veces que me ha ayudado a pensar, hablar y llorar. Me he visto hasta relativizando el daño que puede hacer el tabaco a mi salud. “Si no fumo más de X cigarrillos, no está tan mal”. “Para lo mal que está el patio, que fume es lo de menos”. “Sigue sin ser peor que el vaper”.
Reconozco en todos estos motivos a la voz de mi adicción, clamando en código que no le arrebate su mecanismo de defensa favorito. ¿Qué voy a hacer ahora para lidiar con mi ansiedad? Amigos y familia me han recomendado calmar mis ansias de fumar por beber agua y hacer ejercicio. Entiendo sus bienintencionados consejos, pero qué queréis que os diga, estos sistemas de recompensa no funcionan tan bien.
Sigo comprometido a bajar el ritmo y cuidarme más, pero los absolutos todavía me esquivan. Puedo tener tabaco a mano y no fumar casi, pero en el momento en el que me falta siento un vértigo que solamente un cigarrillo puede aliviar.
He ido transicionando a “fumador social”, pero sigo anhelando hacer planes con gente para abrirme la puerta a ensuciar mis pulmones. Prefiero esto que ser de aquellos que lo dejan pero luego piden a los que siguen fumando. Será otra excusa más de mi adicción, pero al menos me la gestiono yo mismo.
Intento no ser duro conmigo mismo. Sé que dejar de fumar entraña una dificultad psicológica importante. Mi padre, una persona con muchísima más fuerza de voluntad que yo, consiguió dejarlo, no sin dificultades. Me ha recomendado un libro al parecer estupendo para dejar de fumar, pero sigo posponiendo esa lectura para echarme algún cigarrillo a escondidas. Porque el primer paso para dejarlo es querer dejarlo, y de este primer paso solo he hecho la mitad.
¿Has dejado de fumar o te planteas hacerlo? ¿Tienes algún truco o consejo para alguien que está en ello?
Javier Vaquerizo
