Qué difícil es describir lo que siento, ni siquiera yo lo sé, ¿cómo voy a poder sacarlo fuera? ¿Qué decir?, que estoy atrapada, atascada, perdida después de tantos años, desde mucho antes de que te fueras. Y no, no te echo de menos, no te echo de menos y sin embargo me faltas. Me falta tu ausencia cuando estabas a mi lado; me falta añorarte cuando hacías esos viajes que yo creía de negocios; me falta creer que estabas ahí y en el fondo saber que no; me falta creer, como una idiota, que tu no eras “de esos” que decían que se iban a cenar con unos clientes y volvían a las 5 de la mañana con mil excusas; me falta ver dos copas en el fregadero al llegar de un viaje y creerme que las habías usado con un compañero de trabajo; me falta no saber ni quién soy. Me falta todo eso, pero también me falta abrazarte y sentirme segura, y también esos días tan lejanos en los que crecíamos juntos y me mirabas como si no existiera nadie más. Me falta tu admiración cuando di a luz nuestro primer hijo o cuando aprobé aquel examen.
No sé qué hacer sin ti, a pesar de que tu ausencia no me pesa, me libera. La inercia vacía en la que estaba se cortó de golpe contra el muro que encontré el día en que abrí ese mail. Y ahora que no vivo a través de ti no consigo encontrarme, intento respirar con mis propios pulmones, pero no me acaban de funcionar. Y tengo todo para ser feliz, una familia que me quiere y una persona a mi lado que me coge de la mano cada día, hasta en sueños. Que me apoya, que me comprende y me conoce mucho más que tú después de toda una vida. Pero a pesar de estar rodeada de amor no consigo hacer nada por mi misma, pasan las horas, pasan los días y no consigo superar este cambio tan brusco de rumbo, y me pierdo entre recados sin sentido, cursos que no termino y libros que no me llenan.
Puede que necesite despedirme de ti para empezar esta nueva etapa en mi vida. Una mejor, una en la que sea yo y no un apéndice de tu éxito. Así que adiós, antiguo amor, siempre te llevaré en una esquinita de mi corazón.
Anónimo