Buenos días a todos los que me vayan a leer. Sigo este foro desde hace años y creo que es la primera vez que publico algo, pero quiero saber opiniones externas.
Empiezo:
Era casi adolescente cuando me dijo una doctora muy amable que tenía una deformación en el cuello, una malformación congénita que me deja el cuello recto. Recuerdo esas palabras: malformación congénita. Era la época en la que las radiografías eran aún físicas, archivos físicos y todo empezaba a quedar obsoleto. La doctora amable le explicó a mi madre que con una vida activa y ejercicio podría llevar una vida normal.
Construyeron al poco, quizá un año o dos un nuevo cap más moderno y esta doctora tan amable se jubiló. Yo mientras, que tenía alguna vez algún dolor esporádico en la espalda, vivía normal y feliz, era una niña activa que tuve el privilegio de poder jugar siempre que quería en el bosque. Tuve una adolescencia activa, jugaba a basket, seguía paseando y jugando asalvajada en el bosque de enfrente de mi casa, con algún dolor en la espalda pero bien. Recuerdo tener un pensamiento cuando hacía ejercicio prolongado e intenso en el que me de decía que no estaba cansada, me dolía toda la espalda. Recuerdo esa clase de dolor mientras jugaba algún partido, o en algún entreno con entrenadoras más duras, pero solo era cuando le exigía de más a mi cuerpo. Era adolescente,tenía energía para dar y vender pero empecé a sentir también dolor físico. Sobretodo cuando dejé el ejercicio.
Con mi juventud los dolores se intensificaron. A la vez, cuando tenía unos 18, mi abuela enfermó y yo era una de sus cuidadoras. Dejé los estudios y empecé a cuidar de mi abuela junto con el resto de la familia. Al poco, mi abuelo también fue diagnosticado con alzheimer. Dos personas enfermas que cuidar. Acabé deprimida, muy deprimida a medida que pasaban los años. Y encima tenía mucho dolor. Fui a mi nueva doctora y ella me escuchó y me recomendó ejercicio moderado y Paracetamol. Entre tanto, es verdad, me diagnosticaron migraña crónica. Pero parecía que todo el mundo se había olvidado de mi rectificación cervical. La doctora nueva nunca hizo mención al cuello, los neurólogos tampoco preguntaron por mi cuello, solo si sentía rigidez y mi respuesta era sí, siempre. Pero no hicieron más caso. La historia es que fui varias veces a mi doctora con dolor, ella me recomendaba que si no podia con el baile (el ejercicio moderado que me recomendó) que bajase la intensidad y que alternara Paracetamol con Ibuprofeno. Y yo pensando: «¿Más suave que bailar un par de veces o tres a la semana? Solo bailo en las clases entonces.» Me sentía frustrada, en una relación tóxica y cuidando de mis abuelos.
Al final conseguí arrancarle a mi doctora que era demasiado joven para tener ese dolor y que no pensaba medicarme como una fibromiálgica de cuarenta años. Tampoco me hizo pruebas.
Podría haber pedido un cambio de doctora, podría haberle solicitado pruebas, podría haber hecho mucho más en esos momentos pero la vida me desbordaba. Así que dejé de ir al médico y solo iba para revisión de medicación para la migraña. Y empecé a automedicarme, con maria.
La cosa es que viví con dolores toda mi juventud y nadie parecía creerme. Yo sabía que tenía un problema en el cuello, pero era muy peque cuando me lo explicó la doctora amable y solo sabía decir que tenía el cuello recto. Además creo que ese diagnóstico desapareció en algún momento de traslado de expedientes o lo que fuera porque ningún médico, además de mi doctora de ahora, ha hecho mención alguna a esa rectificación cervical.
Es más, mi historial clínico llega hasta 2005, no más atrás.
La cuestión es que llevo sin ir a clases de baile desde la pandemia, empecé a hacerlo por mi cuenta un par de veces a la semana recordando lo que sabía de clase, me iba manteniendo en un 5 (en escala de dolor) diario y más o menos lo llevaba bien. Pero hará cosa de dos años me salió un pedazo de absceso en la ingle y me caí del ejercicio. En estos dos años el dolor ha ido en aumento hasta que decidí que no podía seguir así y debía volver a hacer ejercicio sí o sí. Y en esas me veo que empiezo haciendo caminatas por el bosque y a bailar otra vez, bastante más torpe que antes. Pero, en una de las caminatas me resbalé con un trozo de camino arenoso y casi hago un Split completo.
Me quedé a nada de pegarme la esmochada de mi vida, pero porque hice fuerza en la espalda y me quedé con las piernas abiertas, me recuperé y parecía que se había quedado en nada. Mi chocho moreno. Desde ese resbalón, tenía un dolor punzante en el omóplato y más tensión de lo normal en el cuello. Esto pasó en abril.
A principios de año pasé una bronquitis jodida y ya estuve de baja un mes y medio. Cuando mi doctora actual me dio el alta, le dije lo del cuello, que me dolía y que llevaba toda la vida con dolores recurrentes. Esta doctora es la que me ha diagnosticado al fin, a mis 36 años. Pérdida total de la lordosis cervical, incluso invertida. Una hernia discal y dos protusiones en las vértebras superior e inferior de la hernia. Además de desgaste y no sé que mierdas más. La hernia, además, presiona el nacimiento de los nervios del brazo izquierdo. No creo que tenga que explicar la clase de dolor que llevo padeciendo varios meses. Llevo de baja desde finales de abril, justo después de Sant Jordi y aunque mi doctora me ha felicitado por mi recuperación, me siento frustrada y temo por mi puesto de trabajo. Aún así, sigo peleando por todo lo que quiero, es una de las enseñanzas del dolor, que por mucho que duela el mundo sigue hacia delante sin importarle lo más mínimo lo que duela. Y sí, sigo automedicandome con maría, si alguien se lo pregunta.
Si has llegado hasta aquí, gracias, de verdad.
Un apunte friki: una semana antes del resbalón que me ha ayudado a tener por fin un diagnóstico, me tatué en el ante brazo a un villano del manga Naruto, un panel del manga muy icónico y que es espectacular. El nombre del villano es Pain (dolor en inglés). Así, como dato curioso.
Otra vez gracias si me has leído hasta aquí.
