Cuando mi ex me dijo que si los niños se iban al pueblo con él dos meses no lo dudé. Sus padres tienen una casa enorme, piscina, campo, los primos, los abuelos, todo el día en la calle sin que nadie mire el reloj. Yo vivo en un piso en la ciudad trabajando jornada intensiva y lo mejor que puedo ofrecerles en julio es el aire acondicionado y la piscina municipal los martes y jueves, asi qye no había mucho que pensar.

Los dejé el sábado y volví a casa con la tarde por delante y pensé que iba a estar bien porque yo trabajo hasta las tres y tengo las tardes libres y siempre he dicho que si tuviera tardes libres haría mil cosas. Pues resulta que cuando las tardes libres llegan de golpe y duran dos meses y la casa está en silencio no sé muy bien qué hacer con ellas.El lunes salí a dar una vuelta. El martes fui al gimnasio. El miércoles me senté en el sofá a las cinco de la tarde sin planes y me di cuenta de que llevaba dos días llenando el tiempo para no pensar en que el tiempo estaba vacío.
Todo el mundo me dice que lo aproveche, que cuánta suerte, que ojalá ellos. Y tienen razón y no tienen razón al mismo tiempo porque el descanso es real pero el silencio de las tardes también es real y son las mismas tardes y no sé cómo explicar que las dos cosas ocupen el mismo sitio sin que nadie te mire raro.