Trabajo en una gran empresa. Aunque llevo tiempo aquí, sigo cruzándome con gente por los pasillos y pensando: «¿Y este de qué departamento ha salido?».
Hace unos meses me tocó participar en un proyecto con personas de distintas áreas. Entre reuniones, correos y la inevitable colección de Excel compartidos, conocí a Mario.
Hasta entonces era una de esas personas que formaban parte del paisaje corporativo: seguramente nos habíamos cruzado alguna vez, pero para mi, era un completo desconocido.
A raíz del proyecto, empezamos a interactuar más y, casi sin darme cuenta, acabamos manteniendo una conversación constante vía teams, que a día de hoy continúa (¡y ya va para casi medio año!).
Con el paso de los meses, he percibido que se ha generado un clima de confianza y comodidad entre nosotros. Veo que ambos nos sentimos a gusto cuando estamos juntos y que somos apoyo, ayuda y confianza el uno del otro.
Las bromas son las reinas de nuestras conversaciones y aunque es cierto que yo soy la graciosilla del dúo, él siempre sigue el juego. De hecho, en alguna de estas bromas, me ha propuesto tomar unas cañas juntos.
Ahora bien, la mayoría de nuestras conversaciones giran en torno al trabajo, pero rara vez se limitan a lo puramente práctico: hablamos de frustraciones, preocupaciones, y en general, de toda la carga emocional que acompaña al día a día.
Los temas personales no suelen ocupar mucho espacio, porque él marca un límite claro en este sentido. De vez en cuando comentamos el fin de semana, algún viaje, o alguna afición, pero sin entrar en demasiada profundidad. Y esto, es algo que me llama la atención porque, aunque en el ámbito laboral se muestra abierto y comparte con naturalidad cómo le afectan ciertas situaciones, en lo personal siempre acaba volviendo a terrenos más seguros.
Hace poco he sabido que tiene pareja y que también trabaja en la empresa. De hecho, viven juntos y se han prometido. En nuestras conversaciones jamás me ha hablado de ella,y nunca ha mencionado que tiene novia, lo cuál también me sorprende un poco ya que son temas que suelen surgir con naturalidad.
Ahora mismo siento que la relación está en un punto gris. No logro entender qué tipo de vínculo nos une,ya que hay cercanía constante en lo laboral, pero distancia en lo personal. Aquí me gustaría mencionar que aunque el proyecto hizo que coincidiéramos más, nuestros puestos son bastante independientes y no requieren un nivel de interacción tan constante como el que mantenemos.
¿Qué opinión os merece una relación de este tipo? ¿Os habéis visto alguna vez en algo similar?