Estoy un poco harta del discurso buenista de Instagram de el deseo se construye, hay que regar la pareja, con comunicación todo vuelve. Mira, no. Hay cosas que cuanto antes asumamos mejor y una de ellas es esta: cuando dejas de ver a tu pareja como un ser follable y pasas a verlo como una seta con patas, eso no remonta.
Que no me vengan con cuentos. No es una mala racha, no es el estrés, no es que necesites una cita romántica con velitas del Ikea. Es que se ha ido. Se fue por la puerta de atrás mientras tú estabas poniendo lavadoras y ya no vuelve.
Lo peor es que parece que está prohibido decirlo. Tienes que sentirte culpable, hacer esfuerzos, apuntarte a talleres tántricos como si el problema fuera tu actitud y no la realidad: que hay gente que deja de ponerte y ya está.
Que no, que no quiero volver a verle atractivo. No quiero engañarme mirando fotos de cuando teníamos veinte años. Quiero poder decir en voz alta que a veces el deseo se muere y no es un drama, es biología, rutina, vida, desgaste o lo que sea.
Y sí, claro que habrá parejas que lo reviven por circunstancias puntuales. Como también hay gente que vuelve con su ex y le sale bien. Pero la norma no es esa. La norma es que cuando ves a tu pareja como una seta, se queda seta para siempre. Sí lo digo.
