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El día que llamé al teléfono de la esperanza y no me contestaron, pero me rescató Carmen. Crónicas de ansiedad pt 1.
Siempre las leo, a veces respondo con un pseudónimo, pero nunca publiqué nada, esta vez quiero ser Rojo, como en el cuaderno Rojo de Paul Auster.
No sé bien por dónde empezar, era un día aparentemente normal, llevo años (desde el 2020) aprendiendo a convivir con mi ansiedad y las cosas que se plantean en la vida real.
Me describo como una persona “rarita”, ansiosa, me obsesiono con algunas cosas que leo y tengo que llegar al fondo del asunto en cuestión, me da urticaria mental pensar que no sé lo suficiente.
Bailo, toco el piano, fui campeona de natación y seleccionada a nivel nacional, hablo tres idiomas y me pagan por escribir tesis, ensayos, trabajos (no es por presumir, así me educaron).
También soy bulímica, tengo cero tolerancia a la frustración y soy insoportable socialmente hablando.
Vivo en otro país, y mi situación migratoria es más bien, preocupante, a veces no sé para dónde irme: mi país de origen me genera inseguridad y donde estoy no puedo ser legal por más que lo intento.
Se me acaba el dinero, no puedo tener un trabajo que me permita tener ahorros y soy ilegal. A veces, en el metro, me encuentro con situaciones bastante desagradables.
Aprendí a comer dos veces al día porque no me alcanza para más, tengo un gato y me sale bastante caro, pero vale la pena cada vez que le abrazo su cabecita babeada.
En fin, era un día aparentemente normal cuando me entró aquella entidad revolucionada llamado “ansiedad”, no lo vi venir y no supe qué hacer.
Hice todo lo que mi terapeuta me recomienda:
-Duchas con agua fría
-Hielos en la mano o la cabeza
– Ejercicios de respiración
-Salir a correr o dar un paseo (el día que lo intenté no me funcionó)
Pensaba dentro de mi viaje de ansiedad “esto no es real, es tu ansiedad”. Me puse a sacar la ropa de la lavadora y cuando estaba ahí mirando, me entró el pensamiento: ¿y si me tiro?
Quise quitarme ese pensamiento y ser medianamente funcional, pero no podría verbalizar la cantidad de cosas que se me vinieron en la cabeza. Me hice un ovillo en una esquina de mi habitación, saqué al gato y dije: “ya está, me voy a aventar”
Claramente no tenía los ovarios para hacerlo, así que llamé al famoso teléfono de la esperanza donde nunca me contestaron.
Después de llamar a otros 5 (que con ansiedad parecen 3400), me contestó Carmen con una vez tan calmada que en principio me enojó
“qué no sabes lo que me está pasando Carmeeeeeeen”, pensaba yo en voz histérica en mi cabeza”
-¿Edad?
31
-¿Estás a salvo o acompañada?
-No sé, estoy sola y con ansiedad pensando que me quiero aventar con la ventana, ¿puedo hablar con alguien?
Le conté todas las cosas, que estoy cansada de no poder mantener la perfección con la que me educaron, que si, voy a terapia, que si que se me complica, que en ese momento ningún amigx me podía contestar el teléfono y no quería llamar a mis papás, ni hermana ni amigos porque se iban a preocupar estando tan lejos. Me disculpé cien veces por estar usando la línea tan gratuitamente.
En fin, les invito a que antes de tomar decisiones intenten levantar la mano, porque siempre va a haber alguna “Carmen” que les rescate.
Me vería hipócrita diciendo:”Llámame cuando necesites”
Teléfono donde hablé con Carmen: 012
Teléfono que me recomendó Carmen para psicología: 915419999
Carmen, si me estás leyendo.
Gracias.
Rojo