Pues sí, ese día llegó, por sorpresa, sin avisar y sin depilarme, llegó y al irme a la cama no pude más que sonreír y creerme por fin que empezaba a quererme.
La cuestión es que después de dejar una relación de 3 años con mi antigua pareja, llevaba mucho tiempo sin catar macho y claro, me había vuelto a crecer el himen, con lo mal que se pasa la primera vez para que te lo rompan, imaginaos una segunda, con la piel menos tersa, más kilos y en definitiva más edad y menos paciencia.
Total, que cada sábado, cuando salgo por la puerta de mi casa al mirarme en el espejo digo hoy te lo vas a pasar bien, hoy te echarás unas risas y quizás algo más. Y sí, ese día no mentía, lo tenía todo a mi favor, mis ganas, mi actitud, gente maja en el trabajo y no los típicos babosos de siempre (soy camarera en un pub) y él, un folla-amigo que tenía antes de empezar con mi novio y que cuando lo dejamos cosa de año y medio me consoló mis primeras semanas de soledad.
Así que la noche iba bien, me lo estaba pasando en grande, había buen ambiente y a la hora de cerrar me propuso tomarnos la última en otro garito ya que era su cumpleaños y «no lo habíamos celebrado aún».
Llegó el momento de irnos a casa, bueno, la verdad es que fue más bien el momento en que mi empoderamiento empezaba a florecer y quería que nos fuéramos a descansar después de una noche perfecta, no era de extrañar que el chico en cuestión me dijera que me acompañaba a casa.
Un camino muy romántico, con algún que otro beso y magreo por el camino, mi nuevo himen lloraba porque sabía que se tenía que despedir de mi, después de tanto tiempo juntos y yo, pues, qué queréis que os diga? que mientras el chico intentaba ponerme a 100, y digo intentaba porque la verdad que por mucho que el chico le ponía empeño yo no podía dejar de pensar en mi cama y mi gata llamándome a gritos desconsoladas.
Así que de la forma más suave que pude y con las maneras más sutiles que mi santa madre me dio al nacer, le solté que prefería masturbarme en mi soledad a echar un mal polvo con él, con lo que él me contestó que por lo menos le dejara tocarme las tetas para tener ese recuerdo mientras se masturbaba él también. ¿?¿?¿?¿?
Y sí amig@s, la verdad es que entrando en casa no podía parar de sonreír mientras le decía a Pancho (así he bautizado a mi himen) que lo nuestro iba a ser una larga amistad, y es que no hay nada mejor que empezar a quererse a una misma para saber que lo realmente le merece la pena.
MORALEJA: más vale himen en mano que sexo con menganos. XD