Amigas, hoy vengo a contaros el suplicio que es tener el pecho muy grande.
Mientras muchas se hacen un aumento, yo me haría una reducción.
Me he pasado toda mi puñetera vida escuchando mierdas por mis tetas desde que me empezaron a salir con once años.
Primero fueron las viejas del pueblo, pero no cualquier pueblo sino uno pequeño donde había más viejas que juventud, y como nos habían visto crecer se creían con todo el derecho a opinar sobre nuestro desarrollo.
Esas miradas a mi cuerpo, esa pregunta que le hacían a mi madre seguida de un gesto que me parecía repugnante «¿ya?»
Querían saber si ya me había bajado la regla. Yo las miraba con cara de asesina, y empecé a ganarme fama de mala hos*** desde esa edad, porque seguido de la pregunta sobre si tenía ya la regla, venía la observación: «pues ya tiene tetitas»…
Por suerte en aquella época (los 90) entre los púberes se llevaba ir de negro con ropa ancha, si llevaba calaveras, cuchillos y el nombre de algún grupo heavy – metal eras Dios.
Si te sabías la letra de alguna canción de Extremoduro, eras el/la popular.
Gracias a eso, podía esconder bien mis «tetitas» pero entonces tuve mi primera regla, mi cuerpo empezó a cambiar y mis «tetitas» se volvieron «tetorras».
Y tooodos los chicos de mi clase me las querían tocar, así que no daba abasto a dar manotazos al que me tocaba y al que no, por si acaso.
Pero sus miradas… en fin. Empecé a pasar, mientras no me tocaran…
Eso sí, en clase de educación física me negaba a correr porque estaban todos expectantes para verlas botar.
Ya no había camiseta lo suficientemente ancha que las ocultara.
Así que me pasaba las clases castigada y suspendía la asignatura.
Lo peor es que no sólo eran los chicos, ellas también me envidiaban porque «los tenía a todos locos» con la mala suerte que alguno de ellos le gustaba a alguna, y aunque yo los odiaba y despreciaba sin disimulo, me la tenían jurada.
Empezaron a decir que yo era una «put*» solo por tener las tetas grandes.
Y aquello ya no sólo fue en el colegio, sino también por el pueblo.
Empezaron los comentarios de que mis padres «me tenían que amarrar en corto» porque se me veía «muy espabilada» sólo por haber desarrollado antes que mis amigas y llamar tanto la atención con mis tetas sin querer.
Por suerte crecí y empecé a verle ventajas a eso de ser tetona… lo tenía más fácil para ligar si quería: escote y me llevaba al que quisiera, pero no quería babosos y los que me gustaban no lo eran, aún así me llevé a uno de los más guapos (y más cabrones) de la zona.
La tetona tenía guardaespaldas, al guapo guapísimo, pero también infiel.
Mi vida sentimental era una mierda, sólo daba con capullos que en realidad querían exhibirme como un trofeo, pero no me querían de verdad.
Bien, sobre los treinta también me hicieron comentarios sobre mis tetas, por ejemplo la gobernanta de un hotel donde trabajaba limpiando, decía que no eran mías, que seguro que me había operado, la muy cerda envidiosa.
Pero la cosa no acabó ahí… ya que la sobrina del padre de mi hija también empezó a hacer comentarios.
«Con esas tetas, no te sirve nada del Zara» y todos a reírse (el padre de mi hija también, por algo ya no es mi pareja)
Aquella niñata me tenía envidia, porque ella no tenía, su madre me lo contó.
Daba igual que me enfadara, a nadie le importaba, nunca se disculparon.
Pero bueno, cuando creía que ya nadie me volvería a hacer comentarios por ser personas adultas (de 40 para arriba) llega el verano pasado y tengo la (mala) idea de juntarme con la chupi de madres del cole para ir a la piscina.
Ya el primer día que solo estaba con una, me lo dijo.
«Joer qué tetas tienes» me salta.
«Mal empezamos» pensé yo, aún así no vi venir la que me vino.
Otro día se nos unió otra mami y me saltó lo mismo al verme, no sólo ella sino no también su marido, que empezó con las coñas ante la pasividad de ella.
Una noche fuimos a cenar todos juntos y ya a mala leche me puse escote, pues ¿no va el marido de esa mujer a decirme que «menudas pelotas, por allí viene Ronaldo»…
Y todos a reírse.
No les di el gusto de poner mala cara, porque total, no quería aguar la fiesta, ya que lo que podría haber salido de mi boca era muy gordo y se iba a liar.
El caso es que el mismo tío, en un cumpleaños de uno de los niños, cogió dos globos, se los metió por debajo de la camiseta y empezó a decir: «mira, las tengo más grandes que tú».
Todos riendo. Yo le pregunté a su mujer si no le molestaba que su marido estuviera obsesionado con mis tetas, y ella le llamó la atención, pero no le montó ningún pollo, solo me dijo que si no pensaba hacerme una reducción.
Es decir, que como siempre, la culpa la tenía yo, no los demás por mirame y hacer chistes.
Hubo más comentarios, todo el puto verano.
Mis tetas fueron la atracción de la chupi de mamás y papás, porque el que me decía siempre algo era el mismo.
Creí que esas chorradas no me iban a afectar… pero me compré un bañador cerrado hasta el cuello para ir a la piscina del gimnasio en invierno, es como una camiseta la parte superior, y aún así, no me siento cómoda, tengo la paranoia de que me miran, así que apenas bajo a la piscina.
Me quedo en la sala fitness en la que llevo dos sujetadores (uno normal y otro deportivo) para evitar que me boten mucho y aparezca algún baboso a decirme algo.
He llegado a pensar en ir a mi médica de cabecera y comentárselo.
Decirle que tengo dolor crónico de espalda (en parte es verdad) para que me operen.
Sé que el post operatorio es terrible por una señora que se lo hizo.
No lo veo muy viable teniendo una niña de cuatro años que tiene como afición saltarme encima o querer que la coja en brazos, porque no se puede coger peso.
Pero estoy harta. Mis amigas me dicen que conteste y me ponga borde, pero yo no sé ponerme borde, yo a las malas monto un pollo que llego a las manos si alguien me replica.
Ya no sé qué hacer.
¿Alguna idea?
