Esto que voy a contar me vais a decir que es FAAAAAAKE pero no. Me pasó. A mí. Y ojalá no me hubiera pasado jajajaja
Estaba yo tan tranquila mirando TikToks de señoras que cocinan con robots de cocina que valen más que mi coche cuando me llega un WhatsApp de mi suegro.
Pero no era uno de esos que pone “Buenos días grupo” con una taza de café pixelada y un emoji de sol.
Una foto.
Una foto íntima.
Una foto con poca tela y muchas intenciones.
Una foto en la que el señor en cuestión aparece en calzoncillos. Muy calzoncillos.
Posando.
Frente al espejo del baño.
Y atención: CON CARA SEPSI.
Me quedé más congelada que la app de RENFE.
Mi primer pensamiento fue: esto es una broma, lo ha hecho un hacker ruso y esto es inteligencia artificial.
Pero no. Era él. El padre de mi novio. Con el que como paella los domingos. Con el que he jugado al parchís. El que me llama princesa cuando me ve.
¿A quién iba dirigida esa foto?
Claramente no a mí. O eso quiero pensar
Y también claramente no a su mujer, que es adorable, lleva pantalones de tergal y no tiene ni whatsApp porque odia las tecnologías. Tiene un teléfono sin internet, no os digo mas.
Le respondí con un neutral “Creo que te has confundido de persona”.
Él, lejos de tirar el móvil al váter y mudarse a otro país, me responde:
“Uy lo siento, qué vergüenza era para un amigo jajajaja.”
UN AMIGOOOOOOOO CLAROOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
Desde entonces no puedo mirarle a la cara. Me habla y solo veo la foto rebotando en mi retina. Todavía no le he visto en persona pero no se que sucedera cuando eso ocurra.
Ahora me debato entre dos caminos:
Contárselo a mi pareja que es un bendito y probablemente se quede tan traumatizado como yo o más.
Enterrar esta información en lo más profundo de mi ser junto a otros momentos que intento borrar, como cuando confundí la crema depilatoria con la hidratante.
que hago primas, que hagoooooooooo
