Hace muchos años mantuve una relación sentimental con una persona que me trató muy mal, creo que me hizo daño en muchos sentidos, y que me demostró que no era buena persona. No voy a relatar todo lo que me hizo, pero considero que me maltrató de diferentes maneras y me costó mucho salir de esa relación de dependencia. La verdad es que no suelo desearle a la gente que le vaya mal, aunque me hayan hecho daño, solo deseo que salgan de mi vida y ya está. En ese caso, sí que recuerdo haber tenido pensamientos negativos hacia él, en el sentido de desear que pasara por algo malo, que no podía ser que todo le fuera tan bien, que merecía sufrir todo lo que me había hecho sufrir a mí. Por suerte, cuando desapareció de mi vida, empezando a salir con la persona con la que me había estado siendo infiel, lo hizo por la puerta grande y nunca más volví a saber de él.
Unos diez años después, viviendo ya en otra ciudad, me invitaron a una fiesta de cumpleaños. Había como unas veinte personas en ella y cuál fue mi sorpresa que mi ex estaba entre toda aquella gente. Enseguida que me vio, se acercó a hablar conmigo. Físicamente, no estaba muy cambiado, y a pesar de todo el daño que me había hecho, no me importó ir a la barra a tomar una copa con él solo para saber cómo le estaba yendo. Era un amigo de una amiga de la cumpleañera, y ninguno de los dos sabíamos que el otro iba a estar en la fiesta.
Mi ex empezó a explicarme cómo le había ido durante estos años: la chica con la que salía lo dejó por un amigo suyo, él tuvo un accidente por el cual quedó físicamente tocado, con su madre ya no se hablaba y había fracasado en el negocio que había montado. Sinceramente, no me alegré, de verdad. Para mí, él era ya agua pasada y me era tan indiferente que no le deseaba ya ningún mal. Pero ahí pensé que todo aquello que yo había estado deseando le había llegado. Y no me sentí bien porque incluso sabiendo que mis pensamientos no pueden ser los causantes de ningún hecho, hubo un momento en el que me sentí culpable por todo aquello que le había deseado. Es cierto que incluso llegué a pensar que la fuerza mental de una persona herida podía causar más daño de lo que somos capaces de imaginar, pero después pensé que simplemente puede que se tratara de karma, al final los actos tienen consecuencias y si uno va por la vida haciendo daño a los demás el daño puede volver hacia uno mismo.
Nunca sabré si el karma existe, o si son solo patrañas sin ninguna base científica. Pero algo dentro de mí, sí cree en él, y sí cree que todo aquello que hacemos podemos pagarlo con creces tiempo después.
Acto seguido, yo también le dije cómo me iba, que estaba en pareja, que tenía una relación maravillosa y que me iba muy bien profesionalmente hablando. Dijo que se alegraba por mí, y esa fue la última vez que nos vimos y la última conversación que tuvimos.
