Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Tengo 35 años y hasta hace dos meses no tenía casa propia. Creo que como a una gran parte de la gente de mi generación nos está costando la vida independizarnos. Me imagino que todos sabréis lo difícil que está el acceso a la vivienda en España, los alquileres están imposibles y ya no os quiero contar el comprar una.
Al grano, llevo con mi novio tres años. Estupendamente, él compartiendo piso y yo en casa de mis padres. Él es de fuera de Madrid, con lo cual no ha tenido más remedio que buscar un alquiler. Se mudó aquí hace seis años, así que no le pilló el aumento desorbitado de precios que estamos viviendo ahora. Además, ha tenido suerte y su casero no ha pretendido subirle la cuota (por ahora) y paga 400€ por una habitación muy grande en el centro de la ciudad. Llevamos tiempo pensando en irnos a vivir juntos y hemos sopesado todas las opciones: desde comprar una casa juntos, hasta irme yo a la casa que comparte él cuando su compañero se vaya, buscarnos otra diferente, etc. El caso es que, haciendo cuentas todo nos resultaba prácticamente imposible. Lo único a lo que podríamos haber aspirado habría sido a que su compañero se fuera y quedarme yo con su parte del alquiler, pero el compi no se va de ese piso ni de broma, porque en cualquier otro tendría que pagar el doble.
Por suerte, en mi familia hemos podido vender una propiedad que teníamos desde hace tiempo y que solo nos daba gastos. Mis padres han sido tan generosos que el dinero que se ha sacado de la venta me lo han dado para la entrada de un piso, porque yo he estado pagando los gastos de esa propiedad desde hace años. Y es lo que he hecho: comprarme uno. En un barrio que no es el que quería, lejos del centro, pequeño y antiguo (aunque está reformado y muy bonito). No es con lo que una sueña, pero es mío (y del banco).
Yo, más feliz que nada, llevé a mi chico a ver el piso. «Mira, ya tenemos casa» Su cara me lo dijo todo, pero hizo el esfuerzo. «¿No podías haber buscado un barrio más lejos del centro ni un piso más pequeño?» Me tocó la moral, pero es lo que hay. En fin, seguimos como estábamos, yo pagando mi piso y viviendo en él y él en el de siempre. Poco a poco lo he ido poniendo a mi gusto y cada vez pasamos más tiempo aquí, se dio cuenta de que solamente tardaba 20 minutos en venir, al final no era ninguna tragedia. De media pasa cuatro días de la semana en él, así que un día le dije que por qué no se venía a vivir conmigo. Los ojos le hicieron chiribitas y dijo que por supuesto, que sería muy feliz y que estaba deseando que se lo pidiera.
Lo celebramos por todo lo alto, con una noche de pasión y al día siguiente le dije que habláramos de cómo lo íbamos a gestionar. No entendió muy bien de qué quería yo hablar, él se venía y dejaba de pagar el otro piso y punto, se ahorraba un alquiler.
– Pero tendrás que aportar algo, un alquiler simbólico. Porque yo pago la hipoteca, los seguros, la comunidad, las averías o los arreglos que haya que hacer. Si antes pagabas 400 pues pon aquí lo mismo y con eso pagamos gastos de luz, gas, teléfono, wifi, comida, etc.
– Es tu piso – me dijo – normal que pagues todo eso, pero yo soy tu novio y si te pago un alquiler es que te estás aprovechando de mí.
Yo le intenté hacer ver que mi intención no era aprovecharme de él, sino unir recursos para vivir todos mejor.
– Raúl, yo he puesto un dineral de entrada que tú no has puesto, mis padres se han puesto como aval, no los tuyos. Si me embargan la casa me la embargan a mí y a ellos, no a ti. Yo lo arriesgo todo y tú nada de nada, ¿qué es lo que quieres?
– No – me dijo – si yo te pago un alquiler me tienes que poner en las escrituras, porque ¿qué pasa si en un año lo dejamos? Yo habré perdido todo ese dinero.
Me quedé a cuadros. Al principio pensé que me estaba vacilando, pero no, me lo decía en serio. Lo tengo muy reciente y aún no he procesado todo. Sé que este tema se ha hablado más veces pero me gustaría saber en qué posicion os pondríais.
