Buenos días, os traigo un drama de primer mundo que me acaba de ocurrir hoy en el trabajo. Aunque pueda parecer falso, os prometo que la historia, aunque surrealista, es muy real.
A lo mejor es una tontería, pero a mí me ha toca la moral. Trabajo desde hace casi dos años como técnico de laboratorio en un centro educativo público. Mi función es la de preparar los laboratorios para las prácticas de los estudiantes, independientemente del grado que cursen. No tengo contacto con los alumnos, pero sí con los profesores, ya que ellos y el gerente son mis responsables directos.
El trabajo para mí es temporal, nunca me ha gustado el tema laboratorio, de hecho lo detesto, pero me surgió la oportunidad, el horario era bueno y me dan puntos para prepararme unas oposiciones que me interesan; con lo cual, me resigno (no muy bien) temporalmente a estar donde estoy. Os comento todo esto para que entendáis que cuando me incorporé, llevé la adaptación al puesto, que no a las tareas en sí, bastante mal. Como no podía ir claramente deprimida a un recién estrenado puesto de trabajo, lo que hice (lo he hecho en alguna otra ocasión), es vestirme de negro como forma de protesta silenciosa. Sí, lo sé, estoy como una cabra, pero a mí me sirve para eventualmente, subir el ánimo y continuar luchando por lo que quiero. No es que vaya a modo gótico full, sino que suelo llevar unos vaqueros normales (de color azul, vaya) y deportivas- botines que luego me cambio por el calzado de trabajo. Lo estuve haciendo los 3 primeros meses que entré aquí, luego me mejoró el ánimo, que no el problema de base en relación con el trabajo, y hasta ahora.
Llevo unas semanas con el ánimo más bajo de lo habitual pro distintos factores, así que volví a “enlutarme”. Ha coincidido que hace unas semanas falleció un familiar mío y de repente la gente, que donde yo trabajo es muy, pero que muy cotilla; y que no se fijaban en cómo iba vestida parece que ahora se hacen sus películas de que sigo el luto de la casa de bernarda alba o algo así. A mí lo que la gente piense me da igual, yo vengo, hago mi trabajo, me llevo bien con los compañeros, sin más.
Bueno, pues cual es mi sorpresa que hoy, tras finalizar el descanso en la cafetería con mis compañeros, como todos los días, el gerente me pide hablar un momento a solas y me dice, textualmente, que si no creo que me está durando mucho el luto, que entiende que una muerte es dolorosa pero que sino lo supero debería de ir a terapia, pero que debo de dejar de venir así vestida porque doy mala imagen porque parece que esté perpetuamente triste, y que eso se tiene en cuenta de cara con los compañeros, que al parecer ya opinan que soy una ultracatólica (¿??). Me he quedado tan cortada con el comentario que sólo he acertado a decir que reflexionaría sobre lo que me ha dicho y me he ido, pero es que ahora estoy que trino, porque lo veo muy fuera de lugar.
Me fastidia, pero por el momento volveré a la ropa de color porque, aunque estoy en procesos de selección para otros trabajos, por el momento no hay nada asegurado y necesito el trabajo, pero me siento muy indignada porque ni afecta a mi trabajo, ni tengo un puesto que requiera atención al público, y el único código de vestimenta que hay en mi puesto es el lógico para un laboratorio de no llevar ropa ni muy holgada ni ajustada, pelo recogido, no colgantes, etc.
¿Qué opináis de este asunto? ¿Qué haríais en mi lugar? Esto ha sido todo cara a cara de manera verbal y sin nadie más delante, con lo cual, no tengo pruebas que respalden lo que os cuento en caso de querer tomar medidas.
