Hola comunidad. Lanzo esto aquí porque necesito vuestra visión pero no desde el cabreo (que también), sino desde la reflexión. El otro día tuve una cita. Todo iba bien, fluía la conversación, risas… hasta que llegamos al terreno de las preferencia». Él queriendo ir de sincero y «buen tío» me soltó el comentario que todas hemos oído alguna vez: Es que eres guapísima de cara, de verdad, pero yo soy un tío muy activo, me gusta mucho el deporte y por eso siempre me han tirado más las chicas delgadas. Es mi tipo, como al que le gustan las morenas,sabes?.
Me quedé un rato en silencio procesando. Lo vendió como algo aséptico, como una cuestión de gustos cromáticos. Pero a mí me chirrió todo. Y aquí es donde abro el melón: ¿Dónde termina la preferencia y dónde empieza el prejuicio?
Me pregunto si de verdad somos tan libres a la hora de elegir quién nos pone y quién no. Porque qué casualidad no? Que la preferencia de la gran mayoría coincida milimétricamente con lo que el sistema nos bombardea cada día como lo único válido, sano y deseable. Si tu gusto personal encaja perfectamente con el canon estético de una valla publicitaria es realmente tuyo o es que tienes la gordofobia tan tatuada en el subconsciente que ni te la cuestionas?
Me dolió especialmente lo de «soy un tío muy activo». Como si el hecho de tener un cuerpo grande me invalidara para moverme, para bailar o para subir una montaña. Es ese sesgo de asociar delgadez con salud y energía, y gordura con sofá y patatas fritas. Me parece una forma muy elegante de disfrazar un prejuicio de estilo de vida.
Y voy un paso más allá y aquí me pongo cruda: Cuántas veces esa «preferencia» no es más que miedo? Miedo a lo que digan tus colegas cuando entres con una tía gorda en el bar. Miedo a no tener una pareja que sea un trofeo estético según los estándares de otros tíos. A veces creo que no es que no les gustemos, es que no tienen el valor de que les gustemos en público. Es mucho más fácil decir no es mi tipo que admitir que te importa más la mirada ajena que la conexión que tienes con la persona que tienes delante.
No digo que no podamos tener gustos, todas los tenemos. Pero creo que hay una diferencia abismal entre «me atrae X» y «descarto sistemáticamente a Y porque mi cerebro ha decidido que ese cuerpo no es erótico». Si nunca te has dado la oportunidad de sentir el deseo por un cuerpo fuera del canon, ¿cómo puedes estar tan seguro de que no es tu tipo?
Me encantaría saber qué pensáis.
