Joyitas de joyitas… en mi defensa, son los amigos de mi novio, no míos, yo no los habría escogido. El primer encuentro se dio porque ellos estaban reunidos de copas tras salir del trabajo y mi novio (harto de que tuviésemos problemas porque siempre se queda hasta tarde con ellos), me invitó a acompañarlos. Para que sepan mejor de dónde viene la cosa, mi novio tiene casi un año en ese trabajo, es en hostelería y, una o dos veces por semana (a veces hasta tres) que salen tarde, se quedan en algún bar, cosa que obviamente no me gustaba nadita porque prácticamente no lo veo. Creo que mi novio pensó que conocerlos me apaciguaría un poco, en principio funcionó bien y ese primer encuentro fue genial.
Me parecieron majísimos, son tres chicos, uno de Italia, un de Argentina y uno de España, congeniamos genial, el lío de las diferentes culturas fue muy interesante, y hasta bromeamos un montón sobre como yo “sometía” a mi novio y que, como era de esperar, les caí incluso mejor de lo que les cae él.
Para que ellos vieran que yo no era ninguna bruja, y además porque genuinamente me caían bien, los invité a nuestro piso el siguiente fin de semana que tenían libre todos por estar en el mismo grupo…. Yo prepare unas cosas para picar, nada fancy, patatas, olivas y así, y ellos llevaron las bebidas, suficiente alcohol para embriagar un pequeño país. Vinos, cerveza, ron y más, mucho más de lo necesario en mi opinión personal.
La pasamos genial, hicimos parrillada (salió del momento, cada quien sacó 20 euros y fuimos a comprar en el Condis más cercano) y así estuvimos hasta el día siguiente. Vimos el amanecer cosa que no hacía en muchos años y que eso les dé una idea de cómo estuvo la cosa. Yo quede encantada, en un principio me pareció que todo había ido muy bien.
Ya después, en el transcurso de la semana, me comenta mi novio que de las bebidas de la parrillada (que por cierto quedaron un montón en casa porque como he comentado, era una exageración) habíamos quedado en trece euros cada uno. No les miento, me supo mal, yo no le pedí ni cobre dinero a nadie por las cosas que salieron de mi bolsillo, que se que no costaron lo mismo, pero igual, es la intención. Además, nadie me preguntó ese día que me gustaba o que quería beber, de haber sabido que iba a salir de mi bolsillo, habría pedido el vino que me gusta y no habría bebido cerveza y licor marrón de hombres que ni me gusta.
No me pareció correcto ya que la reunió había tenido lugar en mi casa y la que se partió el lomo limpiando luego fui yo, y no les pase la factura de la limpieza luego…
En conclusión, volvimos al puto cero y me caen mal de nuevo por su falta de protocolo social y conciencia. Ojito que no son los trece euros, es el tipo de persona.
