Hoy te escribo a ti, que apareciste en mi vida como un rayo de luz. Que desde el día que te vi no hay día que no pases por mi cabeza, muy a mí pesar.
Llegaste y pensé que podía volver querer. Nunca dijimos un “te quiero” pero no hacía falta. Nada parecía malo cuando tú estabas a mi lado, me conociste con el corazón roto para ir pegándolos uno a uno. Pero tan rápido como llegaste te fuiste, y nuestras vidas no quisieron cruzarse.
Hoy quiero decirte que siento no haber luchado por lo que me hacía feliz, tú.
Siento haber sacado mis propias conclusiones en vez de preguntarte, siento no haber insistido, siento seguir sin saber a día de hoy que cojones pasó.
Va a hacer un año desde el día que te conocí, de pura de casualidad, de esas de película. Yo yendo a tomar café y tú en la barra siempre con una sonrisa, me cruzaba por ahí hasta cuando no tenía que pasar, solo por verte.
Incluso cuando ya conseguí de tu atención, te acompañaba en el viaje en metro solo para estar más tiempo contigo.
Pero te fuiste, te fuiste de viaje y me dijiste que volverías, que todo sería igual, que te esperara. Y yo te esperé pero tú nunca volviste.
Ya no me respondías, ya no me querías o eso creo. No sé si porque algo de mi te hizo daño y te sigue dañando. O porque realmente solo yo te quise.
Pero si hoy tengo algo que decir es que ya es demasiado tarde para pedir aquellas explicaciones, y lo siento, siento mucho que tú y yo nos quedemos siempre con esa duda de qué pasó