Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Empezó a pasarme ya cuando tenía unos 12 años, en esa época que solo existían los SMS y llamadas al fijo para no gastar saldo.
Veía como mis amigas siempre hacían llamadas telefónicas con amigas o “amiguitos” durante el día o cuando fuera, estuviera quien estuviera. Y yo no sentía seguridad de hacerlo en mi propia casa.
No sé muy bien por qué sentía esa inseguridad en mi casa, si tenía mucha confianza con mis padres, diría que incluso más que otras personas de mi alrededor. Pero esa confianza mi madre decidió romperla por un lado.
Por ese entonces una de mis mejores amigas se fue a vivir fuera con su familia, y yo tenía tan buena relación con ella a un nivel como si fuéramos novias (ya sabéis a qué me refiero, ese nivel de confianza y amor entre amigas).
Con lo cual, mantuvimos nuestra amistad a distancia, hablando por messenger, pero a veces se nos quedaba corto y nos llamábamos al fijo.
Un día, después de cenar, decidí llamar a mi amiga porque no le iba internet y así podíamos ponernos al día de nuestros cotilleos, amores nuevos, y esas tonterías pre-adolescentes. Yo estaba encerrada en mi habitación, pero me di cuenta de que mi madre estaba al otro lado de la puerta escuchando, y no dije nada.
Me molestó tanto que hiciera eso que decidí no tener más llamadas… No mientras ella estuviera. No tenía nada que esconder, pero era mi vida, mi privacidad, y mis cosas. Cosas que no tienes por qué querer que sepa una madre a esa edad.
Lo peor es que luego tenía que fingir normalidad, y yo sé que ella me miraba a la cara como esperando a que le contara esos “cotilleos”. Y yo callada como una perra.
Me sentía realmente incómoda, os lo juro. Y ella tampoco me confesó que sabía lo que sabía. Desde que me había enamorada de un chico de clase hasta comentarios como decirle a mi amiga que no tenía ganas de ir al insti si no estaba ella, etc.
A partir de entonces le dije a mi amiga que solo podía llamar por la noche super tarde. Es decir, cuando mi madre estuviera durmiendo.
Así lo hice. Por culpa de mi malestar ante la situación.
Lo que más me molestó es que mi madre en vez de querer hablar conmigo o preocuparse por cualquier tema, que decidiera fingir normalidad y escuchar a escondidas.
Bueno, pues decidí cortarle ese rollo y hacer las llamadas nocturnas.
Pues no fue suficiente. Una noche me escuchó a hablar y se levantó a escuchar por la otra línea del teléfono (esto de los fijos que hay uno fijo con cable y el otro portátil).
Otra vez yo me di cuenta, y otra vez pasó lo mismo.
Por su culpa me gané que mi amiga se molestara conmigo porque ya no quería llamarla, y yo no me veía capaz de decirle lo que hacía mi madre porque me daba vergüenza ajena.
Hasta que un día explotó. Surgió la conversación esperada entre mi madre y yo, y le contesté con todo el odio y la rabia del mundo que tensó nuestra “buena” relación por lo menos por todo un año.
Al final las tensiones bajaron y continúo todo como si nada. Pero siento 15 años después que sigo guardándole rencor, porque aún a día de hoy, cuando voy a pasar unos días a casa con mis padres, no me siento capaz de tener llamadas telefónicas con mi novio desde mi propia casa.
Y si las hago es encerrada hablando muy flojito asegurándome que ella no anda cerca o está ocupada cocinando, o incluso con excusas para salir un rato de casa y hablar.