Al borde del asesinato estoy, os lo juro.
Ya he leído por aquí varias veces que somos unas cuantas las que tenemos madres gordófobas, yo cuando era pequeña lo llevaba fatal, pero ahora a mis 35 y con muchos años de terapia lo tengo superado (O ESO CREÍA).
Estamos en un balneario, en un hotel de lujo increíble, decidimos pegarnos unas buenas vacaciones madre e hija porque hacía mucho tiempo que no compartíamos tiempo de calidad, así que nos hemos venido. MALDITA LA HORA.
Vosotras sabéis que es tener un desayuno buffet libre en un hotel de cinco estrellas y estar bajo la atenta mirada de vuestra madre cada segundo que pasas allí?!?!?!? ‘Te vas a comer todo eso? Te vas a levantar a por otro plato? No crees que con un poco de fruta te sobra?’
SEÑORA LLEVO TODO EL AÑO TELETRABAJANDO Y DESAYUNANDO LECHE CON CHOCHOCRISPIS QUIERE DEJARME DESAYUNAR EN PAZ???????????

Pues nada no, el primer día tuvimos pelotera, se la lié como a principios de terapia, le expliqué que me tenía que dejar en paz, que lo que yo como es mi responsabilidad y que ella no tiene nada que opinar, que tengo TREINTA Y CINCO tacos por el amor De Dios!
¿Qué hizo el segundo día? Pues echar miradas de juicio, rebufar, moverse incómoda en la silla y suspirar.
Hoy ha sido el tercer y último día, así que es oficial: no he podido desayunar en paz ni uno solo. Porque hoy ha decidido ponerse a llorar porque ve que se morirá sin verme sana. SANA. Ha usado la palabra SANA. Cuando yo no tengo ninguna enfermedad, lo que quiere es verme DELGADA. He dado un palo a la mesa y me he pirado al balneario. Sin desayunar.
Me cago en mí misma por ceder y concederle lo que quería, aquí la única tonta que ha salido perdiendo he sido yo.