Empiezo por el principio de los tiempos.
Llevo con mi pareja casi 13 años. Nos conocimos porque teníamos amigos en común y conectamos desde el principio. Somos personas muy diferentes en muchos aspectos pero también tenemos inquietudes similares en muchos otros.
Juntos pasamos una de las mejores épocas de la vida, éramos pobres pero felices. Luego la situación mejoró, aprobó una oposición y ese mismo año me quedé embarazada. Todo era miel sobre hojuelas, no podíamos ser más felices. Pero pronto llegó el desgaste. Los primeros años con nuestro hijo fueron maravillosos. Pero poco a poco le cambio el carácter, se volvió controlador, las cosas había que hacerlas a su manera, no había medias tintas. Yo dejé mi trabajo cuando él obtuvo su plaza y me dediqué los primeros años de la vida de nuestro hijo a cuidar de él porque así lo pactamos. Nos mudamos a un pueblo además, donde no tenemos a nadie, así que me vi aislada y sola.
Cuando mi niño cumplió cuatro años empezó a echarme en cara que no trabajara, aunque lo he intentado pero todo lo que me sale tiene unos horarios leoninos que me impiden conciliar y él tampoco quiere porque entonces tendría que comerse al niño todas las tardes. Yo estoy con una oposición también pero no saco tiempo de ningún sitio. Él sigue con sus aficiones y yo por la tarde tengo que dedicarme al niño, que todavía es pequeño y no puedo estudiar. Por las mañanas saco un rato pero no el suficiente. La cosa es que se le ha ido agriando el carácter y aunque todavía tenemos momentos muy buenos, sus malas formas me pesan mucho más. Él me dice que me quiere pero sus palabras distan mucho de los hechos. Todo lo hago mal.
La cuestión es que hace un par de años me apunté a la escuela de idiomas, para sacarme el B2 de cara a las oposiciones. Y allí coincidí con un grupo de gente muy majo. Al principio solo nos veíamos en clase pero poco a poco algunos compañeros comenzamos a quedar después para tomarnos una cerveza rápida. Pasamos al C2 juntos y entre ellos estaba él.
Es divertido, simpático, combativo, implicado en todas las causas justas, es sensible, escribe y tiene un par de libros publicados (es bastante conocido en el mundillo literario). Nos pasamos hablando horas y horas. Tanto es así que a veces se han ido todos y nosotros nos hemos quedado un poco más (no mucho, recordad que tengo un hijo pequeño). La cosa es que al principio simplemente me parecía un amigo con el que conectaba. Pero es mucho más profundo, me he enamorado de él. De todo lo que me aporta, me hace sentir inteligente, brillante. Le encanta cómo dibujo y me ha animado a hacer algunos lienzos para montar una exposición en un espacio cultural que tiene en el pueblo donde él vive (cerca de donde vivo yo). Hace poco me confesó que está loco por mí pero que sabe que no es posible y que acepta ser mi amigo.
Yo estoy hecha un lío. Quiero a mi marido y me encantaría que volviera a ser el hombre maravilloso y divertido con el que me casé. Pero es que no lo veo. Yo me veo desbordada, intentando estudiar una oposición, cuidando de mi hijo prácticamente sin el apoyo de mi pareja que siempre tiene un plan por las tardes y los fines de semana (si no es la bici, es el trail y si no el gimnasio). Sé que este chico es como una especie de tabla de salvación y que todo es maravilloso porque así es la principio, es como si tuvieras un velo en los ojos que solo te deja ver lo bueno. Tampoco quiero destruir mi familia. Entre él y yo no ha pasado nada, yo le dije que quería a mi familia (porque es verdad) y que aunque también sentía una fuerte conexión con él, no podíamos ser otra cosa que amigos. Pero no logro quitármelo de la cabeza, me vuelve loca su voz, su olor, su manera de reírse…
Hay dos opciones: o lo dejo todo o dejo de verlo y me olvido de él. Y ambas me producen pánico.
No sé si busco consejo o desahogo porque, de verdad, siento que me voy a volver loca.
Gracias por leerme y no seáis muy severas juzgándome, por favor
