Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Voy a abrir el melón de cuando tener hijos.
Y lo voy a abrir porque cuando pasas los 30 y tienes pareja, de repente te tienes que ver dando explicaciones a todo el mundo de por qué no estás pariendo.
Ya sabemos que la gente se mete mucho en la vida de los demás, pero algo que me molesta sobremanera es que, precisamente, las que más me han machacado con este tema, son las madres.
Las mismas madres que se quejaban y se quejan de que todo el mundo se mete en su vida, les dice como tienen que criar y que vestir a sus hijos, como deben alimentarles etc, son las que más me han cuestionado y debatido por qué debería tener hijos YA.
Esas conversaciones me dan mucha pereza y me hace sentir que entrar en la maternidad es como entrar en Herbalife. Una vez estás dentro, quieres que todo el mundo empiece a formar parte y te acompañe.
Que, a ver, realmente no debería dar explicaciones a nadie de nada, pero es que lo preguntan constantemente. Si contestas algo sencillo como “aun no es el momento” o “queremos esperar” les parece mal.
La respuesta más habitual es “si estás esperando el momento perfecto, no esperes, porque no lo hay”. Y pese a que puedo estar de acuerdo con esto, os aseguro que sí que hay momentos mejores y peores, y esos momentos, los decidimos mi pareja y yo.
Me dicen cosas como “es que no sabes si te pueden despedir mañana” o “no sabes si encontrarás una casa que cumpla todo lo que quieres”, ya, ok, esas cosas no las puedo controlar, pero las que sí puedo controlar, quiero tenerlas bien cubiertas.
Y es que tampoco es que pida yo mucho. Quiero tener una estabilidad económica que me de tranquilidad, que la tendré en un año aproximadamente, porque me van a dar una plaza fija. También quiero tener ahorros, porque los bebés son caros y no me gustaría sufrir por el dinero, como tanto veo en mi entorno.
También estamos en proceso de venta de nuestro piso, para comprarnos una casa. El piso es un tercero sin ascensor y nos ha servido mucho durante los años que hemos estado aquí, pero pensando en tener una familia, necesitamos una planta baja o un edificio con ascensor. En cuanto vendamos el nuestro, buscaremos algo que cumpla lo que queremos.
Pues estas dos cosas, les parece demasiado. Me han llegado a decir, que todo eso lo puedo hacer mientras estoy embarazada, que no pasa nada por empezar a intentarlo ya, que igual tarda. Pero es que igual no. Igual cuaja los primeros meses y me encuentro subiendo tres pisos con la tripa (pensando que no tendré un embarazo complicado o con sintomatología que me haga encontrarme mal), con el estrés de una mudanza, sin ahorros, perdiendo mi plaza fija, llevándome mi salud mental por el camino y generando fricción en la pareja por todos los conflictos.
Que sí, que siempre puede haber imprevistos y siempre puede haber conflictos. Pero insisto, esos no los puedo controlar, los que sí puedo controlar, me los voy a poner todos a favor. Porque es que yo no tengo prisa. La prisa parece tenerla el resto del mundo.
Además, todos estos comentarios siempre los hacen desde una perspectiva paternalista, como un “hazme caso, que tú no tienes ni idea y yo sí”. Y si les pides que no se metan en tu vida, se ofenden, porque “lo hacen por ti” para que tú “no te pierdas la experiencia”.
Tengo a muchísimas amigas que han tenido hijos en momentos que no era una buena idea, a toro pasado te dicen “al final siempre los sacas adelante”. Sí, es cierto (porque si no, vas a la cárcel o te los quitan), han salido adelante, pero ¿a qué precio? ¿a costa de la salud mental y de la relación de pareja? ¿a costa de días y noches de ansiedad por no llegar a fin de mes? ¿a costa de cargarse de deudas?
Pues no, sintiéndolo mucho, creo que es una irresponsabilidad no plantearse la calidad de vida de la familia antes de lanzarse a tener un hijo.
No hay un momento perfecto, pero sí que hay momentos malos o momentos mejorables.
