Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Siento odio por mi hija. Desde que tuvo uso de razón, manifestó comportamientos violentos y ataques de ira. Empezaron las faltas de respeto verbales hacia mí y su hermana. Continuó tirando objetos, que alguno tuvimos que esquivar, rompiendo puertas y paredes, tanto con sus puños como con cualquier cosa que encontraba en su camino. Finalmente, llegó el maltrato físico hacia mí. Hacia su hermana, nunca lo permití.
Me arañaba la cara, me empujaba e, incluso, me llegó a arrancar pelos de la cabeza, literalmente. Les aseguro que ningún dolor físico que me haya causado es tan grande como el que se siente al ver cómo tu hija hace esto. La situación se volvió insostenible y denuncié a la policía.
Actualmente, está en un centro de menores, con atención psicológica para ambas y nos vemos en las fechas pactadas, de forma rigurosa. Pero, sinceramente, la mayoría de veces, no quiero ir, siento que la odio y tengo rabia hacia ella y, por supuesto, hacia mí, mezclado con culpa. Me dicen que la mezcla de sentimientos es normal y que, con la ayuda que estamos recibiendo, se apaciguará todo , encontraremos un equilibrio y tendremos una sana relación, pero me cuesta mucho creerlo. Soy la peor madre del mundo.00.
