Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Hola a todos. Mi novio y yo lo hemos dejado hace unos meses después de 6 años de relación. Yo soy de Salamanca y el de un pueblo de Burgos, pero nos conocimos en un hospital en Madrid haciendo la residencia, ambos somos médicos.
Nuestra relación al principio no fue del todo bien, le pillé flirteando con una compañera del hospital en varias ocasiones, pero finalmente y después de disculparse sinceramente, empezamos a salir de forma más formal. Todo empezó a ir genial asi que consideré que aquello había estado motivado por las dudas del principio y no le di más importancia. Yo siempre he querido casarme y formar una familia, y tenía claro que eso entraría en mis planes al terminar la residencia, asi que desde que empezamos a salir, le hice saber que yo quería un compromiso. Él siempre me daba ciertas largas y me decía que íbamos demasiado deprisa. No se planteaba casarse en ese momento, pero si que me ofreció vivir juntos en su piso de alquiler, a lo cual accedí. Creí que su prioridad era centrarse en la residencia y que cuando ésta terminase, nos casaríamos., asi que decidí darle tiempo a la situación, vivir juntos y esperar.
Yo terminé mi residencia un año antes que él puesto que soy un año mayor, asi que cuando terminé empecé a buscar trabajo. Por otro lado, y puesto a que ya me había hecho a vivir en Madrid, decidí comprarme un piso, quería afincarme definitivamente en la ciudad y mis padres se habían ofrecido a ayudarme con la entrada, asi que empecé a mirar.
Lo que yo desconocía era que mi pareja no quería vivir en Madrid, lo que quería era vivir en una ciudad más pequeña y accesible, y a ser posible cerca de Burgos, asi que cuando terminó su residencia, empezó a buscar trabajo fuera de Madrid y lo encontró en Burgos. Me comunicó que era una oportunidad que no podía rechazar y que por qué no me iba yo con él. Que todo era más fácil en una ciudad más pequeña. Al principio no lo entendí porque mi novio llevaba muchos años en Madrid viviendo ya que había hecho la carrera allí y todos sus amigos vivían en la ciudad. Yo tenía claro que no saldría de Madrid, mi puesto era bueno allí y me había hecho a esa vida asi que le dije que aceptara el trabajo y ya veríamos como nos las apañaríamos.

Pusimos nuestro campamento base en Madrid, asi que mi novio iba al trabajo en coche o tren todos los días. Empezamos a tener discusiones bastante serias, mi novio empezó a quemarse de la situación y no conseguíamos ponernos de acuerdo. Yo compré mi casa y nos mudamos a ella, y la cosa empeoró. Me echó en cara que me había comprado un piso todavía más lejos de la estación que antes, que cuando por trabajo perdía trenes, tenía que coger un hotel y que estaba harto, que el quería vivir donde trabajaba, asi que se marchó a casa de sus padres al pueblo para estar mas cerca de Burgos y empezamos a tener una relación a distancia donde el venia a Madrid los fines de semana.
Había pasado más de un año del término de nuestras residencias y no solamente no estábamos comprometidos si no que encima solo nos veíamos los fines de semana. Ya llevábamos demasiados años para tener una relación en esos términos y yo quería un compromiso, además toda la gente a mi alrededor ya estaba casándose y yo parecía tener una noviazgo interminable. Empezamos a desgastarnos mucho, y mi novio parecía estar siempre apático, de hecho un día comiendo con mis padres, mi madre le dijo que ya era hora de que nos casáramos, y él reaccionó contestando bastante mal. Él también tomó la decisión de comprarse un piso en Burgos, y lo hizo, pero a pesar de ello, yo no perdía la esperanza de que pudiéramos solucionar nuestra situación, asi que este verano pasado aprovechando que nos íbamos a la playa de vacaciones, me planteé ser yo quien le pidiera matrimonio de sorpresa.
Sus abuelos, a los cuales el quería muchísimo, habían fallecido hacia un tiempo y como sabía que eran importantes para él, cogí sus fotos y grabé sus retratos en dos gemelos de plata como regalo de pedida. Allí en medio de un atardecer se lo pedí, y su respuesta fue que en base a las circunstancias en las que nos encontrábamos, no quería casarse. Sentí el bochorno y la tristeza apoderándose de mi, y sabía que esto no podía seguir así, asi que a la vuelta a casa, aprovechando que estaba sentado en el sofá me senté a su lado y le dije que o ponía fecha para el año que viene o se largaba en ese instante de mi casa. Me miró llorando y me dijo que no quería irse, pero yo, apoderada por la rabia de una relación que no avanzaba, cogí una bolsa de basura metí calzoncillos y calcetines y lo eché de mi casa en plena noche.
Yo no fui consciente de que aquello marcaba el final de nuestra relación hasta que no se me pasó la rabia. Cuando vi que todo había terminado, sentí pavor. Intenté remediarlo pero era tarde. He ralentizado el proceso de devolverle sus cosas para ver si asi le doy tiempo a la situación y recapacita, pero no quiere volver. El otro día y después de varios meses con algunas de sus cosas en mi casa todavía, vino a recogerlas, le lloré que quería volverlo a intentar y me espetó que yo solo quería casarme para tener portada en instagram,y que jamás cedería a un chantaje. Yo no quiero casarme para subir fotos a instagram, solo consideré que tras todos esos años invertidos en una relación, había llegado nuestro momento. Siento rota mi vida, no quiere volver conmigo, y para colmo siento que ya pasando de los 30 lo voy a tener difícil para rehacer mi vida. A veces me planteo si realmente me quiso alguna vez y si lo de largarse de Madrid no fue una estrategia para poner tierra de por medio. Estoy viviendo un infierno del que no sé si levantaré cabeza.