He decidido parar y no sé si he hecho bien.
A principios de verano, conocí a un chico por una app que no era para ligar, si no de intercambio de idiomas etc. Resultó que era español y vivía aproximadamente a 500 km de mí.
En ese momento, yo tenía pareja y aunque la situación era inestable y evocada al fracaso, no quería complicar las cosas pero, ¿quien se niega a una discusión sobre si la pizza debe o no llevar piña?. Empezamos a hablar una noche y tras dos frases intercambiadas vimos que nos complementábamos a la perfección, la conversación duró hasta las 5 de la mañana.
Y así fue pasando durante los días siguientes. Él era consciente de que yo estaba en una relación, que yo no quería nada pero tampoco quería dejar de hablar con él, poco a poco nos fuimos enganchando a hablar a todas horas.
A las dos semanas, yo iba a ver a unos familiares relativamente cerca de donde vivía él asi que decidimos quedar en persona y conocernos.
Solo fueron 2 horas y los dos nerviosos como flanes, tímidos y super callados. Pero desde el minuto uno hubo feeling, estábamos a gusto. Incluso callados. No pasó nada entre nosotros, sabíamos que no debíamos pero ganas había, y tras vernos en persona, más. Y como forma de despedida nos fundimos en un abrazo larguísimo.
A partir de esa noche, empezaron las videollamadas, ya no hablábamos hasta las 5 de la madrugada, ¡ahora tocaban videollamadas de 5 horas! ¿Y si os digo que no sabíamos de que hablar pero nos quedábamos mirando durante horas, me creéis?
Cada vez me gustaba más y más hablar con él y quería volver a verle, pero en ese momento, mi pareja decidió que ya era hora de terminar con la distancia, que mis vacaciones sola con mis familiares eran más bien una excusa para alejarme de él, y parte de razón no le faltaba, así que volví a mi ciudad con la intención de terminar la relación.

Una vez soltera, decidí lanzarme a conocer más a mi misterioso compañero de app. Así que busqué una excusa para volver a verle, volví a la casa de mis familiares por unos días más (había pasado un mes desde que nos conocimos en persona), pero me fui de viaje un día antes, para pasar la noche en la ciudad donde vivía él.
Los dos estábamos súper nerviosos y teníamos unas ganas tremendas de vernos (las videollamadas fueron siendo cada vez más o más de adultos y con las llamadas, las ganas crecían mucho).
Asi que el día que llegué, me recogió con su coche en el hotel, me llevó por una carretera paralela al mar por la montaña, apenas hablábamos pero nos sentíamos super a gusto, él de vez en cuando me tocaba la pierna para llamar mi atención. Fuimos a ver el mar desde un acantilado, fue perfecto porque no hacía falta decir nada, él se encontraba detrás de mí, como si me cubrirse las espaldas, miramos hacia el frente sin decir nada y todo fluía. Tras un ratito, volvimos al coche y pasados unos minutos me dijo: «¿Sabes donde estamos? Acabamos de cruzar la frontera» A mí me dio un vuelco el corazón, era nuestra primera cita de verdad y ¡¡me llevaba a otro país!! Fuimos a ver un pueblo precioso de la costa, me llevó por la zona centro, la playa y acabamos sentados a los pies del faro, él me abrazaba cuando le contaba lo mal que lo había pasado con mi ex, nos tocábamos las manos sin parar con la excusa de ver como de diferentes eran nuestras respectivas manos. Solo queríamos tocarnos, acariciarnos sin parar.
Cuando empezó a bajar el sol me indicó que nos fuéramos y de nuevo, me llevó a un mirador natural a ver el mar, se sentó en unas rocas indicando que hiciese lo mismo y vimos la puesta de sol. Empezó a haber mucha gente, por lo que le comenté que nos fuéramos (no olvidemos que estamos en época de covid y todo el rato estuvimos con mascarilla).
Le sorprendió que no quisiera terminar de ver la puesta de sol, pero lo que vino fue mucho mejor: en su coche, en una carretera secundaria paralela al mar, yo con la cabeza apoyada en la ventanilla viendo el atardecer mientras me daba el viento en la cara, y lo mejor de todo, me puso Scorpions en la radio, resultó que los dos adoramos a ese grupo, nunca olvidaré esa imagen con «Follow your heart» y «Still loving you» de fondo. Me llevó a cenar a un sitio típico de allí y fuimos al hotel.
La verdad es que fue extraño, porque como a otras chicas que he leído por aquí, el miedo al covid estaba presente, y estuvimos con mascarilla todo el rato. Empezamos a abrazarnos, a acariciarnos la piel, a recorrer todo nuestro cuerpo con las manos. Y empezamos a desnudarnos, eso sí, mascarilla puesta. Llevábamos los dos mucho tiempo sin hacer nada asi que teníamos un poco de miedo porque la cosa no saliese bien, pero al contrario, fue maravilloso ¡incluso con mascarilla! Al no poder besarnos, las ganas se intensificaban, y no perdíamos nunca nuestros ojos de vista, eso provocó que la complicidad aumentase, veía en sus ojos el deseo y él en mí también. Nos sentiamos tan a gusto, todo surgía a la perfección y en ningún momento hubo nada forzado. Entre polvo y polvo no parábamos de acariciarnos, de abrazarnos, ni de hablar, a gusto, los dos desnudos (con mascarilla).
Os juro que jamás he tenido una cita más romántica que esa. Para mí, ha sido la mejor y dudo que pueda tener otra que la supere.
Dejamos claro que no queríamos nada serio ahora, él estaba centrado en su carrera profesional y yo necesitaba organizar mi vida antes de entrar en cualquier relación de nuevo.
Pero a partir de aquí la cosa fue cambiando gradualmente, yo volví a mi ciudad natal, ya no había tantas videollamadas, ni mensajes, él cada vez estaba más ocupado con su trabajo, y cada vez más y más, empezamos a discutir cada poco de que si ya no quería saber de mí, que si era así que fuese sincero, y él me repetía y repetía que no era eso, si no que le daba mucha pereza el WhatsApp, que cuando se agobiaba dejaba el móvil de lado, que si las oposiciones, que si las entrevistas etc… cada vez fuimos hablando menos y cada más tiempo.
Hace dos semanas fue su cumpleaños, llevábamos una semana sin hablar y todos mis mensajes los había dejado en visto. Decidí que con la felicitación, le diría adiós. Así que le mandé un audio felicitándole, diciendo que se había convertido en alguien importante para mí durante este tiempo, que fue mi mejor cita pero que esto ya no podía estirarse más y no quería acabar con un sabor agridulce. Me dejó en visto el día de su cumpleaños, al día siguiente escuchó el audio y me contestó: «Muchísimas gracias presiosa mia, siento esta actitud tan asquerosa que estoy teniendo, y no quiero que pienses que es nada personal contigo ni mucho menos, pero me jode muchísimo después darme cuenta que estoy siendo un imbécil con una persona tan maravillosa como tú.
Para mí también eres una persona muy especial porque poca gente hay con la que me lleve tan bien y conecte tan rápido como contigo, y para mí también fue una cita genial la que tuvimos.
De verdad que me siento como un capullo por no ser igual de atento contigo como lo eres tu conmigo, pero desde que me han cambiado de puesto […]
Ya sabes que si subes por aquí espero tu aviso para poder acercarme y echarnos unas risas, porque de verdad que me sacas la sonrisa y me alegras. Lo mismo hare yo si bajo.»

Le dejé en visto esa noche, estaba enfadada porque no quiso lucharlo, si no que se retiró sin más pelea por lo que teníamos.
Ahora le echo muchísimo de menos, pero si le escribo no me va a responder y si le llamo vuelvo a arrastrarme tras él por su atención y está claro que si de verdad quisiera hablarme, lo haría, como al principio. Aún así, ¿por qué me siento como si hubiese perdido a mi alma gemela? Aún no sé si realmente hice bien.