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He visto a mi suegro en un prostíbulo
Anónimo
Tengo un dilema moral que me interrumpe el sueño por las noches. Hace un par de semanas pillé a mi suegro en un prostíbulo y desde entonces no dejo de pensar en ello. Os cuento la situación.
Hace dos lunes, una compañera me pidió un gran favor; que la acompañara a un acercamiento en un club de alterne en una ciudad vecina. El caso es que trabajamos en un proyecto de prevención de ITS y salud de la mujer para mujeres en contextos de prostitución y vulnerabilidad social.
Yo soy abolicionista, pero mi trabajo no es de campo, es de escritorio, con lo cual ni tendría que haber estado allí aquel día. El caso es que fui con ella. Aparcamos en un parking que parecía un cementerio de coches, al lado de aquel edificio de cemento desgastado con un letrero de neón parpadeante. Entramos y había un bar en dónde las mujeres con escasa ropa estaban sentadas en taburetes mientras se reían entre ellas, me fijé en que llevaban tacones poco ortopédicos y gigantes. La verdad es que aquellas mujeres nos recibieron muy bien y fueron ellas las que nos invitaron a pasar. Accedimos por un pasillo largo color burdeos que parecía que engullía toda la luz, recuerdo que había habitaciones a la derecha y a la izquierda. De repente, miré a través de una cortina hacia el interior, entiendo que por curiosidad, al ver que salía una nube de humo.
Entonces lo vi, fueron unos segundos pero lo reconocí perfectamente. Era mi suegro, estaba sentado en una mesa con otros hombres, fumando y sosteniendo con la otra mano la llave de su coche. Llevaba la camisa azul que le regalamos la pasada navidad, y parecía muy entretenido. Entonces me puse muy nerviosa y empecé a agilizar el paso sin abrir la boca. Nos metieron en una habitación y recuerdo que apresuré aquella reunión lo máximo posible. Tenía la ansiedad por las nubes, empecé a escuchar sillas y revuelo en la habitación de al lado, y no sé cómo, salí de la habitación muy sigilosa y crucé el pasillo a la velocidad de la luz. Salí de allí y me metí en el coche aguantando la respiración. Sobre todo no quería ver ninguna imagen desagradable o que él me viese allí.
Al llegar a casa me descompuse bastante. Era obvio que el revuelo que había escuchado en la habitación de al lado eran mujeres entrando en aquel cuarto. ¡Madre mía! Y entonces empecé a buscar justificaciones absurdas como que serían negocios, pero mi suegro está jubilado. ¡Se echará la partidita en un club de alterne!
Quise hablarlo con alguien y pensé que quizás podría confiar en mi madre. Me respondió el teléfono la mujer y cuando le dije que había estado en el club empezó con su discurso abolicionista. Pensé en que si le contaba aquello, nunca jamás volveríamos a tener una cena de Navidad normal.
Cuando mi pareja entró por la puerta y me preguntó cómo había ido el día, no le conté absolutamente nada. A veces lo veo sentado a mi lado en el sofá y pienso ¿Tendrá derecho a saberlo? ¿Cómo afectará esto a la relación que tiene con su padre? ¿Cómo va a afectar a nuestra relación?
Luego pienso en mi suegra, una mujer trabajadora que siempre ha luchado por su familia y sus hijos. ¡Ella si tiene derecho a saber! – pero me quedo callada pensando en que no sé si la mujer prefiere o no saberlo. ¿Quién soy yo para causar ese dolor en ella?
Por último, llevo dos semanas sin cruzarme con mi suegro. “El hombre de la casa” que habla en las comidas de esas pobres mujeres que llegan esclavizadas, y “esos malos hombres que sacan provecho”.
Resulta que yo pasando horas en mi oficina diseñando campañas de sensibilización y el trol está dentro de mi propia casa. ¡No sé qué hacer!
De repente, me he convertido en la cómplice de un presunto putero. Ayuda.
