Texto enviado por una seguidora a [email protected]
Vale, os juro que iba con expectativas. Sabía que me iba a encontrar gente divina, vestida como si fueran a salir en el videoclip de Rosalía mezclado con Mad Max. Lo sabía. Y aún así… me ha sobrepasado.
Coachella es una fantasía sí. Los escenarios, el atardecer con las palmeras, la noria, la música en directo, todo precioso. Pero luego llega EL PUNTO OSCURO: el mundo influencer.
Yo iba con mi amiga, las dos en shorts, camiseta cómoda y zapatillas llenas de polvo, ilusionadas por ver a Charlie (y por pillar algo fresco sin arruinarte, pero eso es otro tema). Y de repente… estábamos rodeadas de chicas vestidas con alas, luces LED, plumas en la cabeza, corsés imposibles, maquilladas como si fueran a una alfombra roja. Y hasta ahí bien. Viva la fantasía.
PERO.
En pleno concierto con el escenario a tope, la peña chillando… sabéis qué estaban haciendo ellas?
GRABÁNDOSE A SÍ MISMAS.
No mirando el concierto. No cantando. No bailando. No. Estaban giradas de espaldas al escenario, grabando stories, haciendo TikToks, moviendo el culo con cara de me acabo de levantar así en el desierto.
Yo flipando. Porque es que no era una. Eran DECENAS. Alrededor nuestro como si estuviéramos en un set de grabación. Chicas ESTÁ CANTANDO BILLIE EILISH, ¿LA ESCUCHÁIS O NO?
Nada. Ni caso. Solo poses y más poses. A una le vi cambiarse de look detrás de un pareo y sacarse de la mochila un outfit con alas.
Otra gritándole a su amiga: grábame desde abajo que así se me ve más culo!
Y ojo que cada una haga lo que quiera. Pero me fui con la sensación de que muchas no sabían ni quién estaba tocando. Iban solo a producirse. Y me dio penita, porque el festival en sí es mágico pero parece que lo de disfrutarlo en directo se ha vuelto algo secundario.
he vuelto con arena en las zapatillas quemaduras solares y un trauma nuevo: haber vivido un concierto desde el fondo… porque delante solo había trípodes y aros de luz.
Soy yo o ya no se va a los festivales a ver música?
