Texto enviado por seguidora a [email protected]
Desgraciadamente, mis dos padres fallecieron hace relativamente poco, uno detrás de otro, sin tregua. Soy hija única de dos trabajadores incansables que, en vez de disfrutar de su día a día, guardaban todo como hormiguitas para el futuro, para mí. Así que me encuentro huérfana con sesenta años, dos hijos de treinta y cinco y treinta y dos años y una herencia de más de 200.000 euros.
El problema de tanto dinero es que, si lo tienes, se va en mil millones de cosas, o en muy pocas, y parece mucho, pero se reparte pronto. Mis dos hijos quieren comprarse una vivienda y, en parte, ese dinero tendría que dárselo para que pudieran afrontar la entrada y las reformas correspondientes. De hacer eso, me quedaría con algo, pero no todo.
La cuestión llega porque estoy divorciada y, desde que me separé, vivo en un piso de alquiler. La verdad es que me encantaría poder comprarme yo un pisito, dejarlo pagado (porque en mi pueblo sí se puede comprar una vivienda por ese precio) y dejarles algo a mis hijos, pero no lo suficiente para la entrada.
Y es ahí donde se plantea mi dicotomía: ellos o yo. Ellos jamás me lo han exigido, faltaría más, pero sé que, si no, de momento no van a poder acceder a una vivienda propia. Es cierto que no pasaría nada porque tuvieran que posponer la compra unos años, pero también que los precios siguen subiendo y que no se sabe hasta dónde puede llegar esto.
Por otro lado, yo puedo pagar mi alquiler y sé que si ayudo a mis hijos me voy a sentir muy a gusto. Pero también que, ahora que estoy al borde de la jubilación, quiero disfrutar sin agobios de estos años y mi pensión va a ser bastante bajita. Necesito tener un colchón, tanto para disfrutar como para posibles residencias en un futuro (espero) muy lejano.
No quiero que me pase como a mis padres: morirme sin haber disfrutado de mis últimos años, pero tampoco quiero que mis hijos se queden sin casa pudiendo tenerla. Y en esas estoy ahora: entre pensar más en ellos o más en mí. Y sé que cualquiera de las dos opciones es buena y, a la vez, las dos me van a suponer también cierto malestar.
Mis hijos me dicen que lo use para mí, pero me lo dicen con la boca chica y lo sé. Además, sería dinero que les daría sin retorno y, como os digo, no sé por dónde me llevará el futuro, pero no quiero ser una carga para ellos y quiero acabar en una residencia y, como he dicho, con mi pensión no sería suficiente para sufragar gastos.
Me encantaría saber qué haríais vosotras y qué pensáis de cada una de las dos opciones. ¡Mil gracias por adelantado!
