Esto es sólo para desahogarme. Siento el tostón de antemano. Perdón.
Hace unos meses, mi marido y yo recibimos una herencia de los mejores amigos de mi abuela, Jose y Rosi. Tenían una casa impresionante junto a la finca de mi abuela, con vistas privadas al mar gracias a una hectárea de terreno protegido y rùstico que compraron para evitar construcciones. 300m2 de casa en un terreno de 4000m2 edificable más la hectárea. Varias constructoras intentaron comprarles, pero siempre se negaron porque decían que el lugar era especial.
Eran catedráticos, con dinero, pero sin hijos, así que me «adoptaron» a mí. Pasaba los veranos con ellos, alternando entre su casa y la de mis abuelos.
Me levantaba por las mañanas y mi abuela ya me preguntaba en que casa iba a comer ese día. Cuando era la hora de merendar entraba en casa de Jose y Rosi y ellos siempre me dejaban cosas ricas que me gustaban. Si desaparecía de casa, mi abuela sabía donde estaba. Me encantaba estar con ellos, y su casa ¡Tenían una biblioteca como la Bella y la Bestia! Con sus escaleras y todo…
Además Rosi era maravillosa y super inteligente, me dejaba leer cualquier libro que quisiera, y no como mi tía mayor, que me quitaba los libros que no tuvieran dibujos porque según ella no podía leer esos libros, porque no era tan lista. O su, no toques eso niña, que lo ensucias y ese libro vale mucho. Rosi me dejaba leer cualquier libro de su biblioteca. No me menospreciaba por tener poca edad y siempre escuchaba lo que yo tenía que decir. Si un libro era muy difícil de leer y no lo entendía, no me llamaba tonta. Me decía siempre: ¿Qué prefieres, escoger otro libro o que te ayude a entenderlo? Normalmente escogía lo segundo porque yo era muy cabezona. Jose por otro lado era un hombre muy callado y serio, pero que de repente le gastaba una broma a su mujer mientras leía muy serio su periódico sólo para que yo me riera, y por la noche siempre me contaba historias sobre las constelaciones o me daba dulces a escondidas que compartíamos él y yo como un secreto.
Mis primos y tíos apenas ni hablaban con ellos. Yo en cambio los llamaba todo el año, seguía visitándolos incluso cuando dejé de pasar allí los veranos, cuando entré a la Universidad los llamé para contárselo, cuando encontré novio también, cuando le presenté el novio a mi abuela, luego fui a su casa para que lo conocieran y cuando me casé los invitamos a nuestra boda y se sentaron en la mesa presidencial. Mi marido y yo vivíamos fuera de España por trabajo, así que solo volvíamos a España dos veces al año, pero las veces que veníamos, después de ver a mis abuelos, mi marido y yo íbamos a verlos a ellos, ni una sola vez no lo hicimos. Cuando murió Jose, volamos para estar con Rosi unos días. ¡Mis primos no esperaron ni un día después del entierro para hablar de vender una propiedad que no era ni de ellos!. Solo preguntaban por ella para saber por su salud para estar pendientes en caso de que se muriera. Me parecía de una falta de empatía indescriptible.
Cuando Rosi se quedó viuda y tuvo un problema meses después, mi marido voló un finde hasta allí a ver si podía ayudarla. Y cuando ella se vio mal y quiso meterse en una residencia fuimos nosotros los que la ayudamos a buscar una y estuve con ella el día que ingresó y no había una semana que no habláramos con ella y con sus enfermeras. Aguantó un año en la residencia.
El día que murió fue como si se me hubiera muerto una abuela más. Mi marido y yo volamos hasta allí para ir a su entierro, mientras que toda mi familia que vivía a 15 min en coche ni se presentó en el tanatorio. Eso sí, ese mismo día fueron a casa de mi abuela para ver la casa de Rosi y Jose y su estado y especular como buitres a ver si se podían hacer con ella. ¡Ahí sí se movieron para ver si esa propiedad estaba a la venta y por cuanto! Ni unos días esperaron mis primos y mis tíos (sobre todo la mayor) para ver si podían sacar cacho. Al día siguiente del entierro, por whatsapp las conversaciones giraban en torno a conseguir esa casa lo más barato posible, y si podía ser gratis mejor. Así podían venderla y sacar dinero. Y cito textualmente cuando alguien soltó: Y con la basura que tienen en casa la tiramos o la donamos, que no interesa para nada si no vale dinero.
¿Estamos de puta broma? Me enfadé y me puse a llorar. Rezaba para que se lo hubieran dejado a una asociación o algo así y no a algún familiar tonto que pudiera vendérselo a la mía.
Justo una semana después del entierro nos llama el abogado de Jose y Rosi diciendo que nos lo habían dejado todo a mi y a mi marido. No contábamos con ello ni de lejos, os lo juro. Pero me sentí aliviada sabiendo que al menos su casa no iba a ser vendida, ni sus cosas tratadas como basura (por encima de mi cadáver vamos) A mi me dejaron la casa con el terreno y el dinero que tenían ahorrado, y a mi marido el piso que tenían en la ciudad. Y por supuesto todo lo que tenían dentro (no sabéis la cantidad de libros de valor incalculable y objetos de viaje especiales que tenían).
La familia se enteró de la herencia y mi tía, con todo su papo suelta por el grupo de Whatsapp: Bueno, ¿como hacemos? ¿Repartimos a partes iguales ahora o quieres vender y luego repartimos? Nosotros preferimos la casa con el terreno, total, mujer, tu ya tienes casa y ni vives aquí, pero bueno todo es hablarlo. Aunque primero que todo tendrás que pagar los impuestos para que te den la herencia. No tardes mucho en hacerlo, así cuanto antes podamos repartirlo mejor. Ya nos dirás.
Con sus santos cojones.
Os juro que mi marido y yo nos quedamos tan muertos que pensé que era una broma de mal gusto. Me parecieron unos carroñeros de mierda y con más cara que espalda. No se preocuparon por Jose y Rosi en su vida y ahora querían sacar tajada. Les dije muy seria que era nuestro porque ellos lo habían decidido así y era su deseo, y que no íbamos a darles nada y, dijeron que éramos unos avariciosos y que LES CORRESPONDÍA A ELLOS TAMBIÉN UNA PARTE LEGALMENTE porque ellos estaban primero y había unos mínimos que dejar (os juro que literalmente soltaron eso). Les dije que Rosi y Jose no eran familia de ningún tipo (no hay legítima que valga), y mi primo me dijo que a él una vez le habían dicho que le iban a dejar todo y que eso debía de valer. Primero, dudo que sea verdad, y segundo, si hubiera sido así, lo habrían puesto en el testamento, algo que nunca hicieron. Preguntamos al abogado y nos dijo que me habían metido en el testamento en los 2000, siendo yo pre adolescente y a mi marido el día antes de nuestra boda y que nunca lo habían cambiado desde entonces. Así que, ni legalmente, ni moralmente les pertenecía nada, y mucho menos sabiendo luego que querían vender su casa y tratar sus cosas que tanto apreciaban como si fuera porquería. Ni muerta.
Mi abuela intentó mediar, pidiendo respeto por la voluntad de sus amigos, pero mis tíos y primos siguieron protestando.
Mi marido y yo decidimos mudarnos a la casa de Jose y Rosi, porque no me fiaba de que mi familia no la liara y porque de verdad me encantaba la casa y lo que yo había vivido allí. Reformamos ligeramente y pusimos una placa en honor a ellos en el bosque. Gracias a los alquileres de nuestro piso y el que heredamos, teníamos estabilidad económica así que yo dejé mi trabajo y pude dedicarme a ayudar a varias asociaciones.
Ahí estalló todo. Mi primo nos llamó ratas, mi tía dijo que era una egoísta y una avariciosa por no compartir cuando «ellos estaban mal económicamente» (aunque acababan de comprarse un Mercedes y viajar a Japón). En una discusión, mi marido le recordó a mi tía que cuando ella heredó un piso de su suegra, no compartió nada. Su respuesta fue: «Es mi suegra, es mío». Nos reímos y nos fuimos. Ahora no nos hablamos y no tengo intención de hacerlo. Mi padre me dijo que su hermana lo había amenazado con llevarnos a juicio. Ya me diréis a mí como, si no tienen base legal para ello.
La verdad es que no me creo como han podido ser tan oportunistas y rastreros, os lo juro.
No pensé que mi familia fuera así. Diría que estoy decepcionada, y en parte sí… Pero por otra, está bien saber lo que me espera cuando mi abuela muera. Se devorarán unos a otros como hienas y lo veré todo desde mi casa. Lo lamento por mi padre que tendrá que lidiar con ello.
