Llevo una semana que mi Tinder parece un campo de batalla. Os cuento: tengo 38 años, me he matado a trabajar para tener mi casa pagada, un coche decente y un sueldo que me permite irme de viaje o cenar donde me dé la gana sin mirar la cuenta.
Harta de citas con tíos que a los 40 viven en un piso compartido o que se han dejado la cartera en el otro pantalón, he sido clara en mi bio: Si ganas menos de 3.000€ netos al mes, no me escribas. No busco a nadie que me mantenga, busco a alguien que no me lastre. Estabilidad y mismo ritmo de vida.
No os podéis imaginar el nivel. Hay tíos que me dan like SOLO para poder abrirme chat y soltarme una barbaridad. Me han llamado: Prostituta de lujo encubierta, pija asquerosa, interesada que acabará sola con 20 gatos…
Es alucinante. Si no cumples el requisito ¿por qué pierdes tu tiempo en insultarme? Es como si yo entrara en una tienda de Ferrari a gritarles que son unos clasistas porque no puedo pagar uno. Pues no entro y punto, me voy al concesionario de al lado. Pero su ego no les deja pasar de largo.
Lo que más me revienta es la hipocresía. Ellos ponen sin despeinarse: Solo chicas fit, «Abstenerse gordas, o me gustan bajitas y sumisas. Y la sociedad lo acepta como un gusto personal.
Pero si yo pido solvencia económic soy un monstruo. Vamos a ver la cartera es esfuerzo, mi sueldo es fruto de mis estudios, mis horas extra y mi ambición. El cuerpo es (muchas veces) genética: Muchas de esas preferencias físicas que ellos exigen son inalterables o dependen de la suerte biológica.
