Vaya por delante que lo que os voy a contar es más en plan humor que otra cosa porque yo sé parar y ya de antemano os digo que he hablado de este tema con el chico en cuestión.
Empezaré contando que conocí a un chico por internet. Empezamos a hablar y desde el principio el rollo iba en plan guarrete. Yo encantada porque había terminado una relación muy estable y tenía ganas de fiesta sin más. Así que cuando pudimos nos planteamos vernos y darle al tema sin pensar en nada más.
Decidimos vernos en un hotel que estaba a medio camino entre su ciudad y la mía. Ya nos habíamos visto por videollamada y sabíamos que nos gustábamos así que en cuanto entramos en la habitación nos abrimos una botella de vino y a la media hora ya estábamos enrollándonos. Sabíamos que íbamos a pasar allí la noche así que los dos llevábamos una maleta cada uno, la mía quedó allí tirada en la entrada de la habitación y él la había colocado sobre el escritorio.
En esto que estamos ya calientes como locos y él me empieza a decir que quiere chuparme entera que quiere embadurnarme en nata y comerme entera y cosas así. Pensaba que era solo una manera de ponerse más a tono hasta que veo que se levanta y saca del bolso un bote de nata montada y sin decirme nada más me la pasa por la cara y por todo el cuerpo.

Todo guay si no fuera porque soy intolerante a la lactosa, pero intolerante nivel que me cago encima como un mirlo cada vez que todo algo con lactosa. Me quedé pensando que no pasaba nada mientras la nata no entrase en mi boca, pero es que según él iba chupando procedía a besarme y allí que iba la nata, pero me estaba molando tantísimo el rollo que mandé a la mierda mi intolerancia y le seguí el juego a saco. No sé, creo que gastamos el bote de nata entero porque después lo rechupeteé yo a él.
Y la cosa fue una locura magnífica hasta que de madrugada, mientras echábamos un sueñecito entre polvo y polvo, mis tripas empezaron a cagarse en mi calentón y me tuve que levantar corriendo a cagar. Qué dolor, qué olor, qué gases… Estuve sentada en el baño casi una hora y para cuando me levanté lo último que me apetecía era follar con nadie. Además la habitación todavía tenía ese olor dulce de la nata y eso me revolvía más el estómago.
No pensaba contárselo, pero la peste que salía del baño a pesar de mis intentos de taparlo echando perfume y desodorante me delataron. Le conté allí mismo que el fornicio me había llevado a comerme casi un bote de nata montada y que era posible que muriese allí mismo por culpa del calentón (exagerando un poco). Nos reímos un rato y prometimos que para la próxima nos podríamos untar con chocolate o algo sin lactosa, o bien pasar de embadurnarnos y ponernos al tema así sin más, que tampoco está nada mal.