La primera cita suele ser un encuentro mágico y desastroso a partes iguales. Siempre queremos y esperamos lo mejor, y a la vez acabamos dándonos un guantazo de realidad muchas veces que hace añicos nuestras expectativas.
Más de una vez me ha pasado, e imagino que a vosotras también, esperar una primera cita con muchas ganas pero que la salud no acompañe. Desde catarros y fiebres hasta problemas intestinales, ataques de ansiedad o virus repentinos. ¿Qué hacéis en estas situaciones?
Por un lado, aunque debería estar totalmente justificado posponer el encuentro por un problema de salud, somos especialistas en leer entre líneas y magnificar lo que queda a los márgenes. ¿Quién no se ha comido un ghosting como una catedral, camuflado con una excusa genérica?
Encontrarse mal, valga la redundancia, es muy desagradable. Nada como un golpe a la salud para sentirse como un niño victoriano contemplando el inicio del fin. Ya sea que somos quejicas extremos o supervivientes natos, los síntomas son difíciles de ocultar.
Si me dieran un euro por cada vez que me han dicho “no es catarro, es alergia” para empezar a incubar ese virus nada más despedirnos, no estaría forrado pero sí llegaría a este final de mes con más dignidad.
Alguna tos suelta o moquillo colgando por supuesto no tiene nada que ver con una fiebre que te sacude como a una maraca ni con necesitar suero de lo mucho y líquido que cagas. El cuerpo tiene sus maneras de marcar sus límites quejándose un poco, algo o demasiado. Nosotros debemos ser los primeros que, conociéndonos, juzguemos cómo nos encontramos. Tampoco viene de más consultar los temas de salud a los profesionales, que para eso están y saben lo que hacen. ¿Hemos aprendido algo del COVID? ¿Sabemos que cuidar de los demás pasa por cuidar de nosotros mismos?
Por muchas ganas que tengamos de esa primera cita y por mucho que nos joda aplazar, cancelar, o tragarnos las ganas, si vamos estando en la mierda es muy posible que la primera impresión evite que se produzca una segunda cita. Pienso que, si los síntomas son molestos (o algo más), nos debemos a nuestra salud y a la de la otra persona cambiar la cita.
Sin embargo, estoy a punto de desautorizar mi opinión. Estoy felizmente emparejado y, la conexión y la ilusión que sentí previas a la primera cita habrían sido más fuertes que la fiebre o la diarrea. Mi novia se partió un diente poco antes de acudir al encuentro, algo que supe más tarde, y eso no la hizo cancelar la cita. Pienso que si me lo hubiese comentado, no habría tenido problema en cambiar de día por un tema de salud. También sé lo impulsivos que somos y me alegro de no haber aplazado ese primer encuentro.
Hagáis lo que hagáis y os sintáis como os sintáis, os animo a hablar las cosas antes con la otra persona. Aunque muchas veces no nos correspondan, siento que debemos empezar con la mejor actitud y la comunicación más directa posible.
¿Qué opináis al respecto? ¿Tenéis un modus operandi para este tipo de situaciones? ¿Posponer o medicarse y tirar adelante? ¿Lo comunicáis a la otra persona? ¿Qué esperáis de la otra parte en una situación similar?
