Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Sé que lo que voy a decir no es lo que se le suele decir a alguien cuando está pasando por una ruptura, y sin embargo es algo que ocurre pero lo ocultamos.
Allá voy:
Hay rupturas que no se superan nunca. Hay amores que son eternos y personas que si nos las encontramos por la calle, nos siguen provocando taquicardias, ganas de escondernos o hacernos visibles y abrazarles.
Que sí, que «hay más peces en el mar» pero tú sólo querías a uno, y el resto no son más que un premio de consolación.
Un plan B.
Creo que sólo nos enamoranos de verdad una vez en la vida, y ese amor nunca muere.
Y ahora es cuando os cuento que soy una farsante.
Antes de conocerle a EL (lo escribo con mayúsculas porque es ese con el que de verdad quería envejecer) había tenido otras relaciones en las que pensaba que estaba enamorada… pero no.
Eran relaciones que empezaban muy rápido (de deconocidos a novios en cuestión de un mes) y acababan conmigo huyendo porque no veía futuro (también me ennoviaba con cada personaje que da para otro post)
Yo les decía te quiero y te amo con una facilidad que parecía cierto.
Pero tampoco sabía lo que era realmente amar.
¿Os acordáis de esa frase que dice Romeo cuando conoce a Julieta?
Ahí va, para quienes no conozcan dicha obra:
«¿Sabía yo lo que es amor? Ojos, jurad que no»
Esa frase me vino a la mente al día siguiente de acostarme con EL.
Llevabamos como amigos cuatro meses, fuimos despacio, la verdad es que no saltó la chispa inmediatamente pero poco a poco empecé a fijarme en él de otra manera, y esperaba que a él le pasase lo mismo.
Y pasó, por desgracia.
Para él, en un principio sólo fue un revolcón de domingo por la tarde, para mi… ay para mí!!!
Desperté llorando porque había soñado que él seguía acariciandome y besándome.
Nunca me había pasado algo así en treinta y cuatro años de vida que tenía entonces.
No entendía qué me pasaba… por qué tenía esa angustia. Y era porque temía que sólo quedase en eso, y que no me quisiera. Ojalá hubiera pasado de mí.
Por resumir… tras no hablarme claro y yo darle con la puerta en las narices varias veces, empezamos a salir como pareja.
Yo no quería otro amante… de él esperaba otra cosa.
Una vez que empezamos él pisó el acelerador, porque me pidió que me fuera a vivir con él a los tres meses de ser pareja y seis de conocernos.
¿Qué podía salir mal?
«Bueno, ¿qué es lo peor que puede pasar?» pensaba yo.
Nunca imaginé lo que pasaría.
Crucé la puerta de su piso dejando atrás el mío que era alquilado, apostando todo por un personaje que la primera noche que pasamos juntos allí se puso como loco a gritarme por una tontería, su reacción fue totalmente desproporcionada, tuve miedo a que llegara a agredirme físicamente y pasé la noche en el sofá.
Ese fue el principio de la peor relación que he tenido en mi vida… se salva un mínimo solo porque tuvimos una hija.
Lo de la niña fue al cabo de tres años de relación en los que, sin tener la más mínima necesidad aguanté lo que creo que solo se puede aguantar por amor.
Yo lo tenía todo para darle puerta y ser feliz, pero nada me importaba sin él.
Eso es amor… hacia otro, porque hacia mí misma no me tenía ninguno, a pesar de que tenía pretendientes más los que podría conocer si le dejaba.
Me hizo pasar de todo un poco.
Tenía una colección bastante amplia de fotos con su ex, en algunas salía ella desnuda.
Y esas fotos estaban en una carpeta con el nombre de la susodicha en una carpeta, en el escritorio del ordenador, bien a mano.
Y no, no es que yo me pusiera a cotorrearlo sin permiso, había sido él quien me había insistido para que lo usara, ya que al ser un sobremesa «era más cómodo para programar» y yo soy programadora.
No quiero alargarme pero también seguía hablando con chicas con las que se acostaba antes de estar conmigo (y puede que estando conmigo también o al menos mantener conversaciones subiditas)
Apenas me tocaba, tenía que mendigarle sexo, besos, abrazos, era un bloque de hielo conmigo y tuve varias depresiones graves, sigo medicada.
Así que no sé… sinceramente desde que nos hemos separado duermo más tranquila y no a la sádica espectativa de saber que si busco encuentro, que estar con él era estar jugando a la familia feliz cuando por dentro era todo amargura.
Lo siento por mi niña, hoy cumple cuatro añitos y a veces llora por tener que estar con el uno o con el otro.
Pero como padre es un diez, y sí, tal como yo quería, estamos unidos para siempre…
