Será que el certero lanzamiento de chancla de mi madre hizo mella en mí y he quedado un poco trastornada, pero os juro que no puedo con eso de la crianza respetuosa. Es que me sobrepasa y me pone de los nervios.
Coño , que no digo yo que al niño no se le trate con respeto ( igual que a todas as personas, claro), pero de ahí a convertirlo en un tiranito en miniatura faltándole al respeto a todos los demás, empezando por sus propios padres!!! Pues como que no lo veo yo, oye.
Pero esta corriente educativa (por llamarle algo) está de moda y ya no se cuestiona nada más.
Ya no puedes quedar ni para un café porque en el último momento se cancela porque al niño no le hace feliz ir a una terraza, (en mi mente, “il niñi ni li hizi filiz ir i ini tirrizi”), hoy le apetece ir al parque, justo a la hora del puto café. Y claro, es que no se le pueden limitar sus experiencias. Aunque casi mejor eso que cuando, por fin, quedamos y monta un berrinche porque la sombrilla tapa el sol (fíjate, una sombrilla tapando el sol, lo impensable!!) y hay que cambiarse de mesa, claro, o patea el perro que tranquilamente está tumbado en la terraza, claroooo es que está expresando su emoción y no se pueden reprimir… Uffff… me reprimo yo de decirle a su madre (mi amiga la, ahora, desconocida) lo que pienso, porque acabaríamos mal, muy mal.
El problema es que no es ella la única, no. La mayoría de mi grupo de amigas que han sido madres actúan de un modo similar. Son una secta? Las ha poseído alguna hormona extraterrestre? No os sorprenderéis si os digo que varias de ellas eran las típicas que se quejaban en la playa o en un restaurante cuando un niño medio “asalvajado” incordiaba al personal; pues bien ahora ellas son las madres de esos niños ( y quitadle el medio ) asilvestrados. Que los niños son niños, que tienen que jugar, incordiar, ser unos pelmas, saltar, chillar, reir, pelearse… sí, hasta aquí todo ok. Pero lo que no es ni medio normal es que el niño decida la vida de los que le rodean, se de el lujazo de montar un pollo fenomenal, moleste a los clientes de una terraza y su madre ( o padre), se tire al suelo, se arrodille a su altura y le hable con una voz tipo profe de yoga ultrazen para decirle, en resumen,” que tiene toda la razón, todo el derecho a hacer/expresarse/sentirse de ese modo y que la próxima vez procurarán buscaran entre todos una alternativa que lo haga más feliz”. Hacen un ejercicio de respiración consciente y listo. Fin del asunto.
A ver, que no quiero yo que se me malinterprete, pero creo que los padres y madres, además de adorar, consentir y entronizar a sus hijos también tienen que hacer función educativa. Tienen que poner límites, normas acompañar, corregir…la función papis coleguillas no es bien. Parece más fácil, pero todas conocemos a alguna madre de adolescente arrancándose los pelos por no haber plantado un NO bien puesto. Pero claro, a mis amigas de la secta, las han convencido de que el no causa traumas.
Para traumas, los míos, que me debato entre quedar o no con ellas por culpa de sus métodos educativos . No tengo hijos. No debería opinar sobre el temita. Pero es que lo sufro y mi salud mental se resiente y ya ni os cuento en qué ha quedado mi vida social.
Así que cuando en el grupo de whatsapp alguna de estas madres escribe “quedamos para un café? “ empiezo a temblar y me dan ganas de contestar “solas y sin niños, por favor”.
