Necesito desahogarme. Aunque ya he hablado con mi pareja, la situación es tan surrealista que nos está sobrepasando a los dos.
Contexto:
Mis padres viven en Zaragoza, mi hermano en Valencia y yo, con mi pareja y mi hijo de 2 años, en Manresa (Barcelona).
Desde hace años mi padre padece una enfermedad de riñón que ha ido mermando su salud. A partir de enero de este año su situación ha empeorado notablemente: problemas pulmonares y cardíacos, varios ingresos hospitalarios, entrada en diálisis, una caída que le provocó la rotura de una mano, y un sinfín de pruebas y citas médicas mensuales.
Ya antes de enero mi pareja y yo nos habíamos planteado mudarnos a Zaragoza, principalmente por la situación de mis padres (sobre todo por mi padre). Sin embargo, lo veíamos complicado por el trabajo y la hipoteca. En enero me despidieron, y dentro de lo malo, eso me dio margen para centrarme en la mudanza. Mi pareja consultó con su empresa y en principio no habría problema.
A las pocas semanas, a finales de enero, descubrí que estaba embarazada. Nos alegramos mucho, pero no dimos la noticia hasta inicios de marzo. La reacción de mis padres no fue tanto de alegría como de insistencia, casi agresiva, para que nos mudáramos cuanto antes: “es que vosotros no queréis veniros a vivir a Zaragoza” (palabras textuales, casi siempre dirigidas a mi pareja y dichas por mi madre).
Les expliqué una y otra vez que no era fácil cambiar de ciudad con una hipoteca en vigor, un niño pequeño y un embarazo en curso. En un momento de hartazgo, le dije a mi madre que, si quería ayudarme, lo hiciera, y si no, que me dejara tranquila. No necesitaba ayuda económica, solo que me apoyara en la búsqueda de piso, ya que estando en Zaragoza podría moverse con más facilidad. Si iba a limitarse a criticar, prefería que no interviniera.
Al principio me pasó un par de anuncios… y ahí quedó todo. Mientras tanto, yo seguía gestionando por mi cuenta: contactando con inmobiliarias para vender nuestro piso, consultando con el banco sobre penalizaciones por cancelar la hipoteca, preguntando por la opción de una hipoteca puente…
En mayo encontramos una inmobiliaria que nos convenció y comenzamos las visitas. Paralelamente, viajábamos constantemente a Zaragoza por los ingresos de mi padre, lo que me obligaba a anular o posponer citas con la matrona o el ginecólogo.
Cuando vimos que empezaban a aparecer compradores potenciales, se lo contamos a mis padres. Su reacción fue de total indiferencia, como si les hubiéramos dicho que estaba lloviendo.
Hace dos semanas firmamos las arras, y ahora que la venta es un hecho, estamos buscando piso de alquiler en Zaragoza, entre papeleos y citas médicas en Manresa.
Hace unos días tuve que ir a la matrona, cita que ya había pospuesto varias veces y que no podía retrasar más porque estoy en el tercer trimestre (aproximadamente octavo mes). Le expliqué la situación y me recomendó hacer el análisis y la ecografía del tercer trimestre directamente en Zaragoza, para preparar el parto, y que lo hiciera cuanto antes, ya que la fecha prevista es a mediados de septiembre.
Al ser por la Seguridad Social, necesito empadronarme en Zaragoza, y de momento solo puedo hacerlo en casa de mis padres. Hablé con ellos y quedamos en ir el viernes a hacer el papeleo. El día antes, revisando la documentación, le dije a mi madre que, como propietaria, tendría que acompañarme y llevar las escrituras. Primero se mostró reacia a ir, luego a buscar los papeles, y finalmente me contestó mal, diciendo que no podía ponerse a buscar documentos “a última hora” con todo lo que tenía que hacer.
Ahí exploté. Le dije que lo dejara, que ya no me iba a empadronar. Su respuesta fue que, encima de estar perdiendo su tiempo, yo era una desagradecida. Eso me dolió profundamente. Le recordé que habíamos vendido nuestra casa por ellos, que todo lo que llevamos haciendo estos meses ha sido por su situación. Su contestación: “Nosotros nunca os lo hemos pedido”.
Me dio un ataque de ansiedad y un llanto incontrolable. Y lo que más me golpeó fue escuchar a mi padre decir que era una desagradecida y que les estaba dejando “en muy mal lugar”. La conversación terminó con que me empadronaría “por narices”. Ahora ya no quiero hacerlo. Han pasado horas y sigo en shock y llorando por sus palabras.
Siento que no he pedido tanto; de hecho, he llevado casi todo este proceso solo con mi pareja. Ellos esperan que pida perdón, pero no entiendo por qué tendría que hacerlo por expresar una realidad que quizá les duele, pero que ellos mismos han propiciado.
Por otro lado, a mi hermano nunca le exigirán que vuelva a Zaragoza. Él, simplemente, no lo hará, o hará oídos sordos. Y hará bien. Pero si digo esto, según ellos, es que tengo celos de mi hermano (¿?).
En el fondo, no sé de qué me sorprendo. Toda mi vida ha sido así, sobre todo con mi madre: siempre he sido una decepción para ella y nunca han visto todo lo que hago por ellos. Ahora entiendo por qué me fui a vivir a Barcelona.
