No sé qué hacer; me siento triste, como en mitad de un túnel que no tiene salida. Solo quiero llorar. No tengo ganas de salir, no tengo ganas de ver ni hablar con nadie, no tengo ganas de nada. Todo esto me pasa porque soy gorda. Y ahora os preguntaréis qué tendrá que ver el peso con querer salir o ver a alguien. Tiene que ver, y mucho. ¿Nunca os ha pasado que os habéis puesto súper monas para salir de fiesta con vuestras amigas y que os habéis encontrado a algún cabr*n o cabr*na que ha terminado jodiéndoos la noche? ¿Nunca habéis ido por la calle, habéis pasado por delante de un grupo de chicas «delgadas» y os han mirado con cara de asco? ¿Nunca habéis entrado a una tienda de ropa y la dependienta os ha dirigido una mirada como diciendo deberías irte, aquí no hay de tu talla? ¿Nunca habéis oído eso de que las gordas somos facilonas porque estamos deseando pillar a un tío que nos haga caso? ¿Nunca habéis oído que debería estar prohibido que lleváramos leggings? Eso es el pan de cada día, chicas. Estoy cansada de que la sociedad nos diga que tenemos que aceptarnos tal y como somos, que el interior es lo único que importa, cuando es la misma sociedad la que nos da de lado y nos hace el vacío. Ignora; tú pasa, dicen algun@s. Es tan fácil decirlo. No se imaginan lo que puede llegar a doler un cuchicheo, una mirada o un insulto. No se lo imaginan.
La doble cara de la sociedad
Viendo 2 entradas - de la 1 a la 2 (de un total de 2)