Vengo sobre todo a desahogarme. Llevo con mi chico dos años. Tenemos 32, y lo digo porque si os dijera que tenemos 20 igual hasta yo misma diría “bueno, son unos críos que todavía no saben nada de la vida”, pero no es el caso.
He leído varios posts sobre novios que consumen, que quieren salir del bucle pero no pueden, así que esto no es nada nuevo. Pero siento que a mí me está matando poco a poco por dentro, hasta niveles que jamás imaginé.
Nos conocimos, nos caímos bien, empezamos a quedar hasta que de repente no podíamos vivir el uno sin el otro. Al principio era detallista, encantador… pero desde el principio estaba el problema principal: las drogas.
No voy a ir de santa, yo también las he probado en fiestas o festivales, pero nunca he ido más allá. Para mí un festival era un contexto puntual, pero jamás entendí la necesidad de consumir cada fin de semana.
Mi chico empezó muy joven, y desde que estamos juntos ha cambiado mucho, pero sigue en la rutina. Al principio me decía él mismo que “esto no era vida”, que gastaba demasiado, que no quería esto. Yo le dije que le apoyaría siempre. Pero ahora siento que ha dejado de intentarlo o de entenderme. Su “quiero cambiar” se ha convertido en “solo me hago una punta con los colegas, no sé qué hay de malo”.
Yo le quiero, más que a mi propia vida, pero ya no descanso. Pienso 24/7 en todo esto, no disfruto de nada. Me está consumiendo. Él, en cambio, está bien, como siempre.
Siempre le dije que uno de los principales problemas era su círculo social. Todos sus amigos son solteros, puteros, de fiesta a diario. De 8 igual uno trabaja, y solo cuatro días a la semana. ¡Con edades de 30 a 37 años! ¿Cuándo van a madurar?
Hace más de un año, al inicio de la relación, se planteó dejarlos de lado, pero al final sigue con ellos. Sin ir más lejos, hace tres semanas salió y volvió borracho como una cuba y sin cartera, que se la había dejado en casa de un colega. Jura que esa noche no consumió… pero cuesta creerlo.
Yo le di un ultimátum hace tiempo: que si quería una buena vida yo estaría con él, pero si lo que quería era fiestas sin control y consumo, sabía dónde estaba la puerta.
Lo peor es que ahora soy yo la mala. Antes al menos intentaba cambiar. Ahora dice que soy la que le quiere separar de sus amigos, la que le molesta que salga, que tenga su vida aparte. Así que he llegado al punto de callarme muchas cosas, porque… ¿para qué?
Creo que cualquier persona con dos dedos de frente diría que es normal que me preocupe si le queda poco dinero y se lo gasta en botellas y drogas. Pero él no lo ve así. Para él no quiero lo mejor, lo que quiero es controlarlo.
Me parece irónico que diga que soy su prioridad cuando los fines de semana está por ahí con sus amigos. En dos años jamás han quedado para ir a la playa o hacer algo sano. Sus planes son ir al bar de siempre y acabar en casa de alguno, otra vez.
Sé que esto me está superando. Y sé que es fácil decir “sal de la relación”, pero no lo es. No quiero dejarle. Le quiero como nunca he querido a nadie. Pero estoy en un punto en el que no sé qué hacer. Y lo peor es que creo que él se está cansando de mí, porque claro, yo le pregunto con quién sale, cuándo vuelve, y él dice que son preguntas “tóxicas”.
Yo solo me preocupo por él porque sé a lo que va. Y quedo como la mala. En una de esas veces, discutiendo por teléfono, tuve que escuchar: “en vez de estar disfrutando con mis amigos estoy aquí discutiendo contigo”. Claro, porque yo estaba genial con un ataque de ansiedad en casa…
Hay muchas cosas más que podría contar que os harían flipar, pero aquí estoy, escribiendo esto, sin querer dejarle. Porque le quiero, joder.
(corregido por WLS para mejorar su lectura)
