Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Hola, os escribo porque necesito desahogarme y saber si soy yo la exagerada o si esto fue tan fuera de lugar como me pareció.
Soy de una isla y me casé en la península, que es de donde es mi marido. Como vivíamos a distancia, toda la preparación de la boda se hizo desde lejos, con videollamadas, mucha organización y, en teoría, mucha ilusión por parte de su familia, que nos ayudó bastante con los preparativos.
El día de la boda todo iba bien. Ceremonia preciosa, banquete normal, ambiente estupendo… hasta que justo antes de sacar la tarta anuncian por el micrófono que se va a entregar un regalo “sorpresa”. Yo, ingenua de mí, pensé: “qué bonito, un detalle para los novios”.
Empieza a sonar música y entran todos los primos de mi marido con un regalo bastante grande. Cuando lo veo bien, me quedo helada: era un marco de plata con una foto de una pareja besándose (ni siquiera éramos nosotros) y una inscripción conmemorando los 27 años de matrimonio… de MIS SUEGROS. Pero lo peor es que firmaron el regalo también con nuestros nombres, el mío y el de mi marido, como si fuéramos partícipes de ese regalo. Me enfadé porque pensé en mis padres: hace pocos días habían cumplido 26 años de casados, y esto parecía ignorarlo por completo, como si su aniversario no importara.
La organizadora de toda esta “sorpresa” fue la prima de mi marido, la típica persona que siempre necesita ser el centro de atención. Insistía en que nos hiciéramos fotos con el regalo, cuando yo no quería ni acercarme. De hecho, le pedí al fotógrafo que esa foto no la quería ni ver: no aparece en ningún álbum, se eliminó por completo.
Cuando la confronté, ella dijo que no había mala intención, que solo quería sorprender a su madrina. Y yo le dije claramente que me parecía perfecto que quisiera sorprenderla… pero no el día de mi boda. No era el momento ni el lugar. Obviamente después de eso la mesa donde estaba ella eran todo caras largas y antes de la fiesta se marcharon. Pues perfecto, para mi sobraban.
Mis padres, como siempre, intentaron quitarle hierro al asunto y dijeron que no pasaba nada, que era un gesto bonito. Pero sé que lo decían para no crear más conflicto. A mí me pareció horrible y una falta de respeto total.
Sé que mis suegros no tuvieron la culpa y probablemente para ellos también fue incómodo, pero sigo pensando que hay límites que no se cruzan. Y convertir una boda en el escenario de otro evento familiar me parece imperdonable.
¿Soy yo la mala por no poder olvidarlo? Porque han pasado 4 años y aun lo recuerdo.
— Anónima
