En realidad aún no tengo muy claro ni qué era lo que teníamos empezado, pero algo teníamos eso es innegable.
Mi mejor amiga encuentra un grupo nuevo en su nueva clase de la universidad, me invita a salir con ellos, lo conozco, conectamos y empieza la vorágine de sentimientos.
Me gusta mucho, muchísimo. Al parecer yo a él también, cada vez que estamos juntos el tonteo es más que evidente, pero se acentúa infinitamente más por whatsapp.
Nos quedamos halando hasta las tantas casi cada día, nos contamos cosas que antes no hemos compartido con nadie, me empiezo a enamorar y como quien no quiere la cosa me entero de la bomba ‘pero si tiene novia en su pueblo’.
¿Cómo?
Pues tal que así, sin tiritas y sin paños calientes.

Se lo digo, no me lo niega, me dice que está liado, que lo que siente por mí es verdad, pero que a ella también la quiere, que llevan muchos años, que no sabe qué hacer, pero que por favor no lo presione.
A base de leeros a vosotras, de leerme a mí y de ir al psicólogo desde que tengo 18 vi la red flag desde el silencio de mi habitación, pero eso no hizo que doliera menos.
Quedamos en persona, sin nadie más, los dos solos por primera vez. Cuántas veces me había imaginado la situación y ni una sola se acercaba ni un poquito a la que sucedió.
Lo ‘dejamos’, llorando los dos, sin entender muy bien de qué iba todo aquello.
De esto hace y más de dos semanas y no se me pasa la angustia en el pecho, no se me pasa lo de echarle de menos, no puedo seguir controlando a estos dedos que le quieren escribir a cada momento.
Me prometió que tomaría una decisión, que lo dejaría con su novia, pero no por mí, por ellos, porque ya no quedaba nada de lo que fue.
Y después, cuando hubiera pasado el tiempo, cuando se hubiera encontrado a sí mismo volvería a por mí.
Que no me pedía que le esperase (más quisiera él), pero que tenía la esperanza de que siguiera en el punto en el que estaba.
Y me jode, me jode porque le estoy esperando, porque no me he movido ni un centímetro, porque no entiendo de qué va tanto amor propio esfumándose por la ventana cuando llega un tonto con complejo de Mario Casas y a mí se me hace el chichi cocaocola…
Qué mal estoy, qué mal me caigo y qué ganas más tontas de besarle.
Adelante, podéis decirme lo petarda que soy, sé que me lo merezco.