Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Mi relación con mi madre siempre ha sido muy estrecha. Nos llamamos todos los días para charlar y contarnos nuestras cosas aunque vivimos muy cerca y prácticamente nos separan un par de calles. Esto no fue siempre así, hace algunos años el vínculo con mi familia y con mi madre en concreto, se rompió cuando empecé a salir con un chico que me sorbió tanto el seso que terminó aislándome de ellos y de mis amistades. Cuando puse fin a aquello, volví a tener contacto con mis padres y me juré a mi misma que nadie volvería a separarme de las personas que más quería.
De no vernos ni casi hablar, pasamos a hacer muchos planes juntas y a llamarnos diariamente por teléfono. Sospecho que se sentía culpable por no haber podido ayudarme cuando mi ex me trataba peor que a un trapo y después quiso resarcirse cuidando de mí por todas las veces que no pudo hacerlo. Venía a mi casa a traerme comida en cantidades ingentes, se ponía a limpiar mi casa en cuanto me descuidaba, venía a sacar a la perra cuando yo me iba a trabajar aunque no hiciera falta, si le decía que me hacía falta tal cosa ella corría a comprármela y a traérmela a casa… Entiendo que soy su hija pequeña y que para ella, como para todas las madres del mundo, somos seres indefensos que no sabemos sobrevivir sin su ayuda. Entiendo que es algo habitual.
Sin embargo, cuando mi chico y yo empezamos a vivir juntos, todo cambió. No puedo quejarme, desde el minuto uno congeniaron estupendamente y se llevaron la mar de bien. Precisamente por eso, mi madre se pasaba por casa cada dos por tres a hacernos visitas y a mi chico no le importaba en absoluto, sino todo lo contrario. Pero la verdad es que a mí me incomodaba tener a mi madre metida en casa todos los días a todas horas porque al fin y al cabo, ya no vivía sola.
Con el paso del tiempo, mi madre empezó a tomarse demasiadas confianzas; cuando venía a casa a sacar a la perra porque se lo pedíamos, ella aprovechaba para abrir la nevera, revisar el arenero del gato, los armarios, etc, para después ponerme la cabeza loca con que si la nevera estaba vacía, que si qué íbamos a comer, que si tal cosa se nos iba a estropear, que si la ropa la tenía arrugada de doblarla de tal forma, que si el gato tenía la arena sucia, que si me había comprado tal cosa porque la mía no era buena… Era como si quisiera entrar en mi casa a buscarme faltas. Mi chico callaba pero sé que tampoco le hacía ni pizca de gracia.
No era sólo que se creyera dueña y señora de nuestra casa y nos tratara como si no supiéramos nada de la vida, sino que tiempo después, nos dimos cuenta de que todo lo que yo le contaba a mi madre sobre mi relación, se lo cascaba a mi tía. Para poneros en situación os diré que adoro a mi tía pero es la persona mas cotilla del universo y, por lo visto, mi madre no se le quedaba muy atrás. De repente, toda mi familia conocía los trapos sucios de mi relación por haber confiado en mi madre. Lógicamente, cuando mi chico se enteró, me dijo que aquello no podía ser, que nuestra vida era nuestra y que si yo quería contarle las cosas a mi madre le parecía bien pero que nadie tenía que ir pregonándolas por ahí. Y tenía razón. Hablé con ella y todo pareció solucionarse. Spoiler: nada más lejos.
Un día decidimos hacer reforma en casa y meses después, tras muchos dolores de cabeza, dinero y discusiones varias (lo que viene a ser una reforma), todo quedó precioso. En lo que duraron las obras, mi madre se dedicó a entrar y a salir con su propia llave para ver cómo iba todo. Mi chico me miraba con los ojos como platos y llegó un punto en el que me dijo que si no hablaba yo con mi madre, lo haría él. A mi me daba apuro decirle nada, así que lo fui posponiendo hasta que un día, mientras estábamos fuera de vacaciones, mi madre me llamó para decirme que había ido a mi casa con mi tía y mi prima para enseñarles cómo había quedado la casa. Mi chico explotó, me dijo que aquello no era normal, que si esa iba a ser nuestra vida él no quería vivir de aquel modo, sabiendo que su suegra entraba y salía a su antojo, poniendo faltas y que la culpa, en cierto modo, era mía por no ponerle límites a mi madre. Tuvimos una bronca monumental y las vacaciones se fueron a la mierda.
Cuando volvimos y mi chico me dijo que llevaba mucho tiempo sufriendo ansiedad por este tema, hablé con mi madre muy seriamente. Le dije que si se empeñaba en entrometerse de aquella manera no tendría más remedio que quitarle las llaves. Yo se las había dado con todo el cariño y la confianza del mundo, pero ella se había extralimitado y se había aprovechado de esa confianza. Mi hermano también vivía con su chica y mi madre jamás entró en su casa con las llaves ni se puso a revolverlo todo, ¿por qué conmigo y con mi chico se comportaba de aquella manera?
Durante algún tiempo se hizo la ofendida y se dedicó soltarme pullitas y pedir permiso de forma muy exagerada para venir a mi casa, pero está volviendo a las andadas y ya no sé qué hacer.
Anónimo.
