Reproducimos testimonio de una seguidora enviado a [email protected]
Hace tres meses que me he separado del padre de mi niño, de un año escaso. Estoy viviendo en casa de mi madre, ya sabéis, con todos los mil bártulos que un bebé requiere.
Estoy buscando piso desesperadamente, y cuando digo desesperadamente sé que suena exagerado, pero necesito, como el aire, un piso para poder irme con mi niño y comenzar nuestra nueva vida. Mi madre nos ha recibido con los brazos abiertos y se lo agradezco con toda mi alma, pero estoy deseando irme porque me controla las horas, cambia las rutinas de mi hijo, comemos lo que ella plantea, no tengo espacio para guardar nuestras cosas… en fin, logística doméstica varia. Siento que este tiempo en su casa es un trance que hay que pasar (y agradecida que estoy), pero que será cuando encontremos nuestro pisito, el de mi niño y mío, cuando realmente comencemos a rehacer nuestra vida.
Para poder irme sola con un bebé tan pequeño, el piso que busco requiere de una serie de condiciones concretas como que esté por una zona cercana a mis personas de apoyo, que tenga al menos dos habitaciones, y sobre todo que entre en mi ajustado presupuesto. La zona es un barrio a las afueras, nada de lujos, pero por allí salen pocos pisos, caros y se ocupan en pocos días.
Vivo pegada a las webs de búsqueda de piso, tengo alertas en varias de ellas. Hace una semana, estando en el trabajo me sonó una alerta que me cuadró perfectamente y me dispuse a llamar para alquilar el piso en cuanto encontré un momento. Me lo cogió una chica muy amable que me dio fecha para ir a visitar el piso al día siguiente. Le dije que por favor que esperase a mi visita, que tenía un bebé pequeño, y que lo necesitaba para comenzar mi nueva vida. La chica fue súper simpática y me dijo que de acuerdo, que al día siguiente nos veríamos.
Esa tarde, vino mi prima con mi tía a visitar a mi madre. Estuvimos charlando y tal y les conté lo del piso, error por mi parte, pero yo soy de las que confío siempre en el buen hacer ajeno, y así me va. Mi prima me pidió que le enseñara fotos del piso y le enseñé el anuncio. Me dijo que qué chulo, que qué suerte y hasta estuvimos hablando de que por fin me cuadraba y de la necesidad que teníamos mi bebé y yo de comenzar de nuevo. En la familia todos sabían de mi búsqueda incesante de piso desde hacía ya dos meses.
Pues bien, al día siguiente a mediodía me llama la propietaria del piso para cancelar la visita, diciéndome que lo siente de verdad pero que ya ha apalabrado el piso. Me dijo que se lo había alquilado una parejita joven que le había ofrecido 50 euros más al mes. Yo lo cierto es que en esa posibilidad de ofrecer más dinero no había ni caído.
Le colgué y me puse a llorar porque os juro que es súper complicado encontrar piso por la zona y más adaptado a mi economía de madre separada.
Lo fuerte vino cuando a los cuantos días, mi tía le dijo a mi madre, que mi prima no se atrevía a decirme que la que me había levantado el piso era ella. Yo siquiera sabía que tuviera plan de irse a vivir con su novio, mucho menos por aquella zona y como para hacerme semejante jugarreta a mí y a mi niño. Sin escrúpulos, ofreció más dinero y se quedó el piso que yo le había enseñado con toda mi inocencia e ilusión.
Quizás os parece una tontería, pero a mí me ha demostrado que no me mira bien y que los proyectos importantes es mejor no compartirlos con nadie, porque siempre puede aparecer una prima arpía que te lo gafe. Siquiera he tenido la oportunidad de hablar con ella porque no me ha apetecido una mierda y ella de momento me evita, pero ese día llegará y no sé si dejarlo estar o si liársela con el consiguiente cisma familiar… ¿Qué haríais vosotras con semejante sinvergüenza?
