Me he enterado hoy y llevo todo el día con un nudo raro en el pecho que no sé colocar.
A mi ex le han dado una paliza. Está en el hospital fuera de peligro, pero con la cara hecha un cuadro, un brazo roto y varias costillas fisuradas. No ha sido un robo. No ha sido al azar. Y creo que sé quién ha sido.
No escribo esto desde el morbo ni queriendo dar detalles o buscar venganza. Lo escribo porque me siento fatal por sentir cosas contradictorias. Pena, sí. Pero también pienso que se lo ha buscado.
Mi ex y yo estuvimos juntos casi cinco años. No fue una relación fácil. No voy a entrar en detalles, pero sí en lo relevante: cuando rompimos, yo ya sabía que no era buena persona. Egoísta, manipulador, muy capaz de cruzar líneas si pensaba que no habría consecuencias. Aun así, lo que hizo después fue peor.
Engañó a una chica bastante más joven que nosotros. Le mintió durante meses, jugó con ella, la aisló de su entorno y, cuando ella intentó cortar, empezó a acosarla. Mensajes, llamadas, aparecer “por casualidad” en sitios. Ella acabó denunciándolo. Hubo orden de alejamiento. Él se hizo la víctima.
Yo me alejé completamente. No quise saber nada más. Pero en una ciudad pequeña, las cosas se saben y todo el mundo me terminaba contando lo que pasaba.
Hace unos meses me contaron que el hermano de esa chica estaba muy alterado. Que llevaba tiempo diciendo que mi ex había destrozado a su familia. Que su hermana estaba destrozada, que nadie hacía nada y que la justicia era lenta. Yo lo escuché y pensé que esto iba a acabar mal.
Y al final ha acabado mal.
La versión oficial es que fue una agresión por parte de desconocidos. Pero nadie se lo cree. No intentaron robarle nada. Le pegaron y se fueron. Punto.
Cuando me lo dijeron, lo primero que sentí fue pena. Porque, aunque sea mi ex y aunque haya hecho cosas horribles, sigue siendo una persona. Y la violencia real, física, da miedo. Porque nadie debería acabar así. Me imaginé su cara hinchada, la sangre, el dolor, y se me revolvió el estómago. Tampoco creo que la gente tenga derecho a tomarse la justicia por su mano.
Pero luego llegó la otra sensación. La que no queda bien decir en voz alta. El pensamiento intrusivo: ¿y qué esperaba?
Y ahí es donde me siento fatal.
No estoy justificando que le hayan pegado. De verdad que no. Pero tampoco puedo fingir sorpresa. Durante mucho tiempo actuó como si pudiera joderle la vida a la gente y que no hubiera consecuencias. Así que no me extraña que alguien decidiera poner un límite de la peor forma posible.
Me jode pensar que haya gente aplaudiendo esto. He leído comentarios diciendo que a ver si así aprende o que el pueblo salva al pueblo. Y me incomodan profundamente. Porque normalizar eso nos coloca en un sitio peligroso. Pero también me incomoda que él vuelva a colocarse en el papel de víctima absoluta por esta paliza, como si antes no hubiera pasado nada.
No sé dónde colocarme emocionalmente. Si digo que lo siento, parece que estoy olvidando lo que hizo. Si digo que no me da pena, me siento una persona horrible. Si digo que entiendo de dónde viene la rabia, parece que justifico la violencia. Todo está mal dicho.
Pienso en la chica. En su miedo. En lo sola que se sintió. En lo desesperante que es denunciar y que nada pase durante meses. Pienso en su hermano, probablemente explotando por dentro. Y luego pienso en mi ex, en una cama de hospital, y me da tristeza. Las dos cosas a la vez. Y eso no encaja bien.
Supongo que escribo esto porque no todo es blanco o negro. Porque a veces alguien puede ser víctima y culpable en distintas capas. No creo que esto arregle nada. No creo que nadie haya ganado. Solo sé que hay más dolor ahora que antes.
No sé qué pensar. Solo sé que nada de esto me deja tranquila.
