Cuando pasó la época de la pandemia, lo pasé muy mal. Me quedé sin trabajo, vivía sola y empecé con depresión y ansiedad. La doctora me puso medicación, pero aún así empecé a beber más de lo habitual hasta que llegó a convertirse en un problema.
Me da vergüenza reconocerlo pero el punto de inflexión fue que me pilló la policía conduciendo borracha.
Cuando mi familia se enteró me obligaron a ir a un centro especializado en adiciones y allí la terapeuta me propuso pertenecer a un grupo de apoyo.
No estaba muy convencida, no me veía contándole mi vida a unos extraños y al principio me costó abrirme, pero he de reconocer que ya empiezo a ver la luz gracias a este grupo.

Hay un hombre, con el mismo problema que yo, que se ha acercado a mí. La verdad que me gusta bastante, pero no sé si sería conveniente ni si va contra alguna regla tener algo con él fuera del grupo, ya que me lo ha propuesto.
Se que este hombre ha tenido varias recaídas, pero se dice en el grupo que es parte del proceso, yo aún no recaí, no he vuelto a beber nada y esa es una parte por la cual me da miedo verle fuera.