Mi marido y yo hemos sido padres de una niña este verano. Cuando elegimos el nombre, queríamos que fuese algo corto y poco escuchado, y estuvimos barajando varias opciones hasta que dimos con el nombre perfecto.
Cuando lo tuvimos claro, dimos la noticia a la familia y no nos importó que la gente supiese el nombre de nuestra hija porque, para nosotros, aunque no hubiese nacido, ella ya se llamaba así. Mi suegra, se lo contó a sus vecinas y todas estuvieron de acuerdo de que era un nombre poco escuchado y muy bonito.
Pues un día mi suegra recibió en casa al hijo de una de las vecinas. Le dijo que su mujer también estaba embarazada, que era una niña y que no se lo tomase a mal, pero que iban a ponerle el mismo nombre a su hija que la nuestra. Mi suegra se quedó en shock. Con la de nombres que hay en el mundo y justo iba a ponerle el mismo.
A mí me dio igual, porque no conozco a esa persona y nosotros no vivimos en el mismo pueblo, o sea que, las niñas no van a ir al colegio juntas ni nada por el estilo, pero, a mi marido, le sentó como una patada en los huevos porque, de toda la vida, se ha llevado fatal con ese pavo y dice que siempre le ha tenido mucha envidia.
Nuestra hija nació primero y es más que evidente que él le ha puesto a la suya el nombre de la nuestra pero, aún así, mi marido estás más cabreado que una mona y siente que ha sido un ataque hacía él como cuando eran más jóvenes que el otro siempre quería quedar por encima. ¿Creéis que está hecho con mala fe? Ponerle un nombre a un hijo es algo muy importante como para tomarlo a la ligera.
