Hola chicas, creo que igual que venimos aquí a contar nuestras penas también tenemos que venir a contar nuestras alegrías.
Os escribí hace más de seis meses para hablaros del dolor indescriptible que sentí cuando el COVID19 se llevó a mi padre a la tumba mucho antes de lo que se merecía, falleció con 55 años.
No lo llevo bien, pero desde luego que sí mucho mejor. Al final el tiempo ayuda, la perspectiva existe y el sentir que sigue con nosotros aunque sea de otra forma ayuda mucho.
Pues os escribo para deciros que ayer fue el pregón de las fiestas de mi pueblo, nombraron a mi padre caballero de la villa (el título más top que te pueden dar en nuestro humilde pueblecito) a título póstumo, subimos a recoger todo lo que él debería haber obtenido en vida, hicieron un vídeo suyo que proyectaron que nos dejó a todos llorando a moco tenido y el pueblo entero se puso en pie para aplaudir. Más de dos minutos, todo mi pueblo al completo de pie aplaudiendo a mi padre, y yo sintiéndolo a mi lado, henchido de orgullo.

Lo que ya terminó de hacernos la noche redonda fue cuando la alcaldesa dijo que se iba a nombrar nuestro centro de salud tras él, mi padre era el jefe de enfermería de ese edificio, ha pasado en él cada maldito día desde que tenía 25 años y siempre recibía a cada persona que entraba en su consulta con una sonrisa.
Así que sí, papá, tu pueblo te quiere, tu pueblo te añora y tu pueblo te honra.
Los sanitarios nos salváis la vida y ojalá fuéramos capaces de pagaros como os lo merecéis.
Hoy me despierto feliz, hoy me despierto orgullosa de ser tu hija y lo haré cada día que pase.