Ni sé para qué escribo esto y aquí. No siquiera sé lo que voy a escribir. Tengo más de treinta y menos de cuarenta, aunque nadie me echa más de veintiséis (menos sí). Nadie ve las cinco canas que me han salido porque me las arranco siempre. Tengo unas profundas ojeras genéticas que van a más y que se hunden en la depresión de mis cuencas orbitales tanto como yo en la depresión clínica, pero el corrector se porta bien (ojalá un Pink Porcelain para borrar mis pensamientos hundidos también). Me siento viejísima, así con todo. Y una niña miedosa, también. Me siento vieja desde los dieciséis, solo que ahora va en serio. Siento que es tarde desde que era tan temprano como para no poder votar. Nunca lo hice ni lo haré de todos modos. Pero ahora va en serio. Ahora no queda mucho para la cuenta atrás. La pausa. El cese. El grifo cortado. La fuente carmesí seca, oxidada y olvidada. Temo. Temo asomarme a un espejo y ver a alguien que no conozco. Al punto de pensar en terminar con ese reflejo. Y no solo con el reflejo. ¿Exagero? Honestamente, ¿quién desea perder la juventud? ¿Quién lo desea? No he visto a ninguna jovencita exclamar decepcionada: «Oh, qué piel tan suave y tersa poseo, qué pelo tan vivo y frondoso, que lúcida y viva me siento… ¡Cuánto desearía ver mi cara apergaminada por el paso del tiempo, que mi pelo se tornase gris, seco y despoblado y que mi pensamiento fuese confuso y mi cuerpo se tornase frágil, flácido y sin fuerzas para caminar! ¡Cuánto ansío la preciada senectud, Dios mío!». Nunca. Jamás. Lo gracioso es que aún soy joven, o al menos, no vieja. Aún queda algo. Pero no consigo vivir ese algo sin obsesionarme obsesiva y enfermizamente por conservarlo, aún cuando soy consciente de que la batalla está perdida. ¿Soy estúpida? Sí. Y más cosas. Pero tengo que madrugar. Creo firmemente que estoy rota, que mi mente no funciona, que no sirve, que mi energía vital está siendo malgastada cuando podría sustentar a unos cuantos arboles mal plantados. Creo que no debería existir, que soy una mierda y mucho menos, que mi presencia en este mundo no hace sino bulto innecesario y absurdo. Y que lo siento.
Una estúpida en el camino
Viendo 1 entrada (de un total de 1)