Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Hace 3 años que me pidió matrimonio, fue un momento mágico y desde entonces estamos prometidos. Pero aquí viene el problema: nunca es buen momento para cerrar una fecha para él. Al principio pensé que era normal que quizás necesitábamos tiempo para ahorrar o para planificar todo como se merece. Pero han pasado tres añosy ya me da hasta vergüenza cuando la gente pregunta.
Cada vez que saco el tema se pone nervioso o cambia de conversación. Siempre tiene una excusa: que si el trabajo, que si la familia, que si la situación económica… Y lo peor es que veo cómo se compromete en otros aspectos de su vida, cómo avanza en su carrera o cómo planea viajes con sus amigos. Pero cuando se trata de nuestra boda todo son peros.

Me siento estafada, como si me hubiera prometido algo que nunca tuvo intención de cumplir. Y lo que más me duele es que me hace dudar de si realmente quiere pasar el resto de su vida conmigo o si solo me está dando largas porque no tiene el valor de decirme que ha cambiado de opinión.
Estoy hecha un lío y no sé qué hacer. ¿Debería darle un ultimátum? ¿Debería replantearme toda la relación? ¿O estoy exagerando y debería darle más tiempo?